Sin más, me encontré un día preguntándome ¿qué será de él?
Y sin más, me dirigí a mi móvil y busqué tu contacto.
-¿Qué hay de ti? ¿Qué pasa contigo?. Pensé que no obtendría respuesta por tu parte, pero a los pocos minutos, la luz de mi móvil parpadeó y escuché el sonido de un nuevo mensaje.
-Bien, guapa. Trabajando mucho, ahora de camino al gimnasio. Pero bien. No me puedo quejar. ¿Y tú? Veo por tus fotos que tan guapa como siempre…
Y sin duda, fue la prueba de que no había cambiado nada. De que mi abandono, no solo hacia ti, sino hacia todo lo que pudiera significar algo en mi vida, no había tenido fatales consecuencias.
Pareció como si el tiempo se hubiera congelado, y ahí estaba, buscando una nueva frase con la que saber algo más, para no dejar morir la conversación ahí…









