No más lamentos…

No fue. Porque no tenía que ser. Pero no valen los castigos. No más lamentos.

Quizás le pusiste muchas ganas, igual que siempre que pretendes estar con alguien, pero no surgió la oportunidad. Pero no te culpes de no haber hecho todo lo que estaba en tu mano.

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No más lamentos (Internet)

No fuiste tú, fue él, que no se enteró, o no quiso darse cuenta, de que tenía delante una mujer, y no una niña, como en otras ocasiones. Pero claro, a lo mejor las niñas le gustan y las mujeres le dan miedo.

No vale mirar atrás para repasar los errores. Lo que hiciste te salió del corazón y del alma, de lo más hondo, como siempre haces con todo el mundo. Y si no supo valorar esos detalles, quizás no merecía la pena. Pero tu actitud no tiene nada que ver en esto. Te lo aseguro yo.

Si no tiene ojos en la cara, es su problema, no el tuyo. Pero tú no puedes seguir con los lamentos. Porque la historia no es así…

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Gigante

Hoy me siento grande, gigante.

A veces no hace falta que pase nada extraordinario, simplemente terminas el día pensando que eres alguien que merece la pena. Así, sin más…

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Grande, gigante (Internet)

Y por eso te sientes grande, enorme, y no cabes en ti…Porque tu ego hoy se ha alimentado de quién sabe qué y consideras que mereces lo mejor del mundo…Has recordado que eres buena persona, una profesional constante, una amiga que está en las buenas y en las malas, alguien a quien no le da miedo reciclarse, cambiar de sector, y aparcar la senda del confort…

Y si te sientes grande, al final lo serás

La paz de la conciencia tranquila

Habrá veces, en el día, en la semana, en todos tus momentos, en que sientas que la paz ha llegado a tu  vida, porque es la sensación que te da una conciencia tranquila.

Y una conciencia tranquila se tiene cuando se sabe que se ha hecho todo lo posible, por alcanzar un sueño, por estar o permanecer al lado de alguien, por haber hecho el comentario oportuno para tu gusto en el momento exacto, por avisar a esa persona de que quieres verla, por ver a un amigo para tomar un café, dar un paseo a solas por la playa…

paz conciencia tranquila
La tranquilidad absoluta (foto propia)

Una conciencia tranquila llega cuando no le debes nada a nadie. Cuando sientes que has dicho todo lo que querías y necesitabas, y te has expresado, te has hecho entender. Aunque tu interlocutor no quiera entenderte. Eso ya no es problema tuyo. Si no de esa persona. Obvio.

Una conciencia tranquila llega cuando sabes que has hecho todo lo posible por alcanzar tu sueño, tu meta.

Una conciencia tranquila llega, siempre, y te deja una sonrisa en los labios…

Por mucho bueno que hagas…

Da igual todo lo bueno que consideres que has hecho, decía mi abuela que al final lo que queda es aquello que hagas mal o lo que otros consideren que no has hecho bien.

Da igual cuanto te esfuerces, si alguien quiere buscar aquel error que te defina como una mala persona, lo encontrará. Porque no somos perfectos y siempre hay un fallo en cualquier forma de actuar que tengamos…

por mucho bueno que hagas
http://www.todamujeresbella.com

Pero si alguien busca tu fallo, cuando has dado lo mejor de ti, quizás sin que te hayan dado razones, simplemente porque te ha apetecido, tampoco hay que darle más vueltas, porque no tiene sentido.

De desagradecidos está lleno el mundo. Solo que quizás hay que ser más abiertos de mente cuando a ti te brindan generosidad. Solo quizás hay que ser más flexible, cuando ni siquiera sabes (o no te importan) las circunstancias de los demás.

Simplemente toca pasar página…

 

No esperes de mí…

No esperes más de mí, porque si no recibo llega un momento en que no doy más de mí, porque no me apetece, porque no es justo…

No esperes que vuelva a insistirte, porque si no me quieres ver no lo harás…

No esperes que me preocupe por ti, por tus miedos, tus dudas, tus problemas, porque los míos no te han importado…

No esperes que crea en que todo lo que te ocurre es responsabilidad de los demás, porque meterse en la boca del lobo no es problema de ellos, sino tuyo…

No esperes que me gire al verte, porque llega un momento en que serás invisible…

No esperes que me deshaga en atenciones cuando yo no he recibido ni siquiera las migajas…

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No esperes nada de mí…

No esperes que siga ilusionada, porque lo poco que he reclamado de ti no ha llegado en ningún momento…

No esperes que sea tan ingenua de no ver todo aquello que atraes hacia ti, a pesar de que duela, porque no puedo cerrar los ojos…

No esperes, porque no estoy dispuesta a que me ignores, a que me tomes por tonta, a que aproveches la bondad de mi mano tendida…

Cuando los cimientos se mueven…

Cuando los cimientos de tu vida se mueven nunca lo hacen solos.

Ese movimiento siempre viene unido a otros que dejan huella.

Para bien o para mal.

Y tienes la impresión de que nunca será para bien, porque no hay un momento de respiro

tocada pero no hundida
Tocada pero no hundida (Internet)

Pero toca caerse, levantarse y reponerse, porque la vida no debe poder más, por lo menos no en esta batalla. Otra en definitiva que mueve tus cimientos y te deja tocada, pero no hundida.

 

Indiferencia

No pensé que podría decir que siento indiferencia, pero comprobarlo en carne propia es la mejor de las constataciones.

Me ilusioné contigo como hacía tiempo no lo hacía, quizás porque creí tus mentiras y tu predisposición a adularme desde el minuto uno en que estuve contigo. Sí, adularme, que no hacerme sentir que te podía gustar, que era lo que pensaba.

Pero ahí me dejaste, sin explicación, sin una lógica, sin sentido, solo poniendo malas excusas que intenté rebatir pero para las que no tuviste más que decir…Simplemente fue más fácil desaparecer.

Y después has intentado provocar situaciones en las que me viera incómoda, muy incómoda, dejándote ver en distintas ocasiones, y mirando desafiante. ¿Qué pretendías? ¿Intimidarme? La primera vez posiblemente sí, e incluso me sentí nerviosa, pero las demás no.

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Ahora puedo decir que la última vez que te vi y no hace tantos días, me causaste indiferencia. Ojalá me leyeras y supieras que va por ti. Porque es lo que provocas, por muy cerca que pases. Solo para que dejes de hacer el ridículo.

Ya no me tiemblan las piernas, ya no me importa no encontrar un sitio en el que esconderme, ya no me siento pequeña, ya no me siento ridícula, ya no creo ser menos que tú, ya no, porque siento indiferencia, y este preciso momento me causas risas, porque quizás no alcances ni siquiera a imaginar todo lo que pude dar por ti…

 

Las miradas (II)

Ya sabéis que creo mucho en las miradas. Sobre todo en la de los extraños

Un extraño con el que me he cruzado varias veces ya y que me ha sorprendido girándose y mirándome de forma descarada.

Pero hoy quizás no era mi día, y por tanto no me he atrevido a levantar la cabeza. Es más, me he resguardado en mirar al suelo y he preferido contemplar mis zapatos.

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Porque hoy no era el día. Y es que, por algo que no venía a cuento, quizás mi mirada era más dura, y mostraba rabia, miedo, cansancio

Pero estoy segura que buscaré otra razón para pasar, buscarle y mirarle. Sin reparos.

Soy así, para bien o para mal…

Soy así, para bien o para mal, y no me arrepiento…

He pensado eso muchas veces, pero hay momentos de duda. De si ser como soy no me lleva adonde no quiero que me lleve.

O de si lo que hago o no, lo que digo o no, me dan los resultados incorrectos.

Pero sí tengo claro que me muevo con el corazón, él es el que manda. Y cuando me nacen impulsos con las personas que tengo a mi alrededor, me nacen y punto. No quiero ni sé ser de otra manera. Quizás eso me hace ser como soy, me hace ser yo y no otra persona.

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Y quizás ser así tenga su encanto. Esta mañana me han dicho que puede que lo que hago tenga sus resultados. A lo mejor es que me impaciento demasiado. También me lo suelen decir los que me conocen, porque si no lo intento nunca lo sabré. Vale, puede que tengan razón. Quizás debería esperar a que hubiera resultados, para bien o para mal…

He ahí mi reflexión de este domingo y la comparto, porque quizás alguien que me lea piensa o sienta como yo…