Rozar su mano…

Pelearon y discutieron por cualquier tontería. Se hacía demsiado habitual en los últimos tiempos.

Ella sintió rabia contenida en su interior. Pero supo canalizarla, y en vez de querer darle un golpe en el pecho, prefirió rozar su mano…

Porque los malos entendidos entre ellos siempre se podían solucionar…

Rozar su mano era el fin de cualquier discusión (Pixabay)

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