Aquella vez, aquella primera vez, fue un desastre. Porque hubo una amalgama de besos, brazos y caricias. Y más ganas que tiempo. Pero terminamos riendo y concluyendo que necesitábamos comodidad, tiempo y espacio, pero las mismas ganas de esa primera vez…
Las cicatrices no se eligen. No puedes decidir que nadie ni nada te haga daño. Es imposible. Por desgracia…
Las cicatrices te curten, te condicionan, te castigan, hacen que te comportes de una u otra manera con la gente que va apareciendo en tu vida…
Las cicatrices duelen, apenan, pero también te pueden hacer más fuerte y valiente…
Pero no permitas que tus cicatrices hagan daño a quien no quieres que se vea sometido a ellas, a quien no te las inflingió ni quiere hacerlas más hondas…
Un reencuentro es mejor que un volver a empezar, porque ya hay terreno ganado, de un tiempo mejor y seguramente, bonito, compartido en otro momento anterior…
Es más sencillo llegar a él, porque tienes algunas claves, pero el terreno aún está por cultivar, aún hay espacio para sorprender...