Como dolía, decidiste que era mejor huir, esconderte, no sentir…
Y hoy, que no sé si duele o no, te sigues escondiendo…
Y yo, mientras, me pregunto el por qué…

Como dolía, decidiste que era mejor huir, esconderte, no sentir…
Y hoy, que no sé si duele o no, te sigues escondiendo…
Y yo, mientras, me pregunto el por qué…

Te pediría una y mil veces, si pudiera…
Te elegiría siempre, si pudiera…
Te buscaría entre la gente, si pudiera…

Me gustas de siempre. Desde que te vi, ahí sentado con tu jersey de cuello vuelto, mirando tu móvil…
Cuando te pillo sosteniéndome la mirada, con la sonrisa en la boca…
Cuando estás distraído, pensando en tus cosas…
Cuando te revuelves el pelo porque algo te preocupa…

Quiero oler tu perfume cada día…
Quiero coger tu mano por la calle, como dos adolescentes…
Quiero mirarte a los ojos y no perderme esos guiños que me dedicas socarrón…
Quiero divertirme cada día, como dos niños…
Quiero que recorramos la ciudad, caminando y charlando de todo y nada…
Quiero, quiero, quiero, pero lo importante es ¿lo quieres tú?

Te eliminé. Te borré de mis días y mis noches.
Intenté desdibujar tu recuerdo, porque dolía…
Lo intenté, confío en haberlo conseguido. Porque es lo mejor…

No me pongas la miel en los labios y después te marches.
Dame todo, desde un beso, hasta el último de tus alientos…
Dame tus mañanas, y tus noches, y no me dejes con las ganas…

No te marches otra vez, ahora que parece que vuelves…
Porque no soportaría de nuevo tu ausencia, sin motivo alguno, por tanto tiempo…
Así que no te vuelvas a ir, te lo pido…

Si es que estamos hechos de la misma piel, y eso se nota…
Por eso, tú eres para mí; y yo soy para ti...
Soy la horma de tu zapato, y tú eso que llaman mi media naranja…
Y para qué te voy a decir más, si ya sabes todo lo que significas…

Di lo que piensas. Di lo que sientes…
Ven y agárrame fuerte. Abrázame y hazme sentir, sentir algo…
Haz que parezca que el tiempo no ha pasado, como si se hubiera parado…
Ven y dilo, no pierdas (perdamos) el tiempo…

En otoño, me encanta ir descalza.
Y sentir el frío del suelo bajo mis pies.
Y correr por el salón, llegar al sofá y dejar que frotes mis pies, hasta darles calor.
Pero solo por notar el tacto de tu piel en la mía, me descalzaría siempre, toda la vida…
