Cuando alguien cree que vuelves para volver a irte en breve, prefiere no decirte todo lo que piensa.
Se calla para no herirte. Se calla para no mostrar rabia, dolor…
Prefiere que sea la indiferencia la que reine en el ambiente.
Pero me encantaría escuchar la verdad, toda la verdad, de tu boca, y que me dejaras demostrar, con las armas que tengo a mi alcance, que quiero volver para no irme.
Intento recuperar el tiempo perdido. Aunque eso signifique pedir demasiado de tu parte. Aunque sea complicado, y me sea difícil preguntar por ti, no sea que descubra algo que no me guste.
Rara vez quien se arrepiente de lo hecho o lo no hecho consigue acaparar la atención de a quien falló.
Porque el tiempo no pasa igual para todos. Hay quien se olvida, y quien vuelve porque se fue casi sin decir hasta luego. Sin cerrar puertas.
Rara vez los intereses son los mismos, pasado el tiempo. Porque los caminos se perdieron y se hicieron distintos. Pero hay quien quiere volver.
Y por eso intento recuperar el tiempo perdido, volver la vista atrás y demostrar que me importas, por un montón de razones que no supe demostrar y casi ni averiguar hasta pasado el tiempo…
En cuanto al aspecto físico, soy más bien bajita de estatura, de piel morena y ojos verdes, ojos despiertos y observadores, grandes y vivos y algo curiosos. De complexión delgada, pero ágil, y de formas redondeadas y curvas.
De pelo castaño, media melena, más bien liso pero algo revolucionario.
Muy normal, demasiado. Nada guapa. Ni un poco.
De temperamento complicado. Soy vehemente, de las que rara vez se calla. Difícil de llevar, pero fácil de conocer. Soy de las que se ve venir, porque no me escondo.
Soy sincera, a veces demasiado. Si algo me ronda, tarde o temprano lo tengo que decir, bien a un papel para desahogarme si no me veo con valor, o a la persona a la que implique ese pensamiento.
Amiga de mis amigos. De las que se castiga por todo, de las que se arrepiente de no haber hecho o haber dejado escapar, de las que cree que siempre lo puede hacer mejor.
De las exigentes, antes conmigo, después con los demás. De a las que les gusta intentar alcanzar la perfección, o casi.
De las que se frustra cuando algo no sale como quiere. De las que da más de lo que recibe, excepto en contadas ocasiones.
De las que sueña despierta, de las que ama y odia hasta los extremos. De las que intenta guardar sus sentimientos para que nadie le hiera. De las introvertidas y tímidas a las que le da miedo acercarse a nadie por miedo a hacer el ridículo.
De las que se echa todo a la espalda, de las que siempre está dispuesta a ayudar, aunque después no haya nadie para ella. De las que da la mano, sin que después tenga una mano en la que apoyarse. De las que intenta hacer el bien, aunque pocas veces se lo agradezcan. De las que miran demasiado por los demás, dejándose a un lado a sí misma.
De las que son capaces de romperse y nunca consigue recomponerse del todo. De la que se exprime con ellos, porque no sabe darse a sorbitos, ni poco a poco.
De las que aman todo lo que hace pero que no tiene todo lo que cree merecer. De las que odia su presente y siempre piensa en un futuro mejor, que nunca llega.
De las que disfruta con un poco de música, un día de manualidades y creaciones, de innovar. De las que gozan con un día de playa, en verano para tostar su piel y en invierno para pasear y escuchar las olas rompiendo en la orilla. De las que se evaden del mundo con un buen libro y de las que deja la tele de fondo mientras hace mil cosas.
De las que necesitan un abrazo demasiado a menudo y un beso apasionado. De las que siguen buscando el príncipe azul, o el sapo encantado.
De las que llora de rabia y es malhumorada. No especialmente divertida, pero sí disfruta con alguien a su lado que lo sea.
De las que gozan con un café en buena compañía y regalar algo a los demás, por insignificante que parezca, detalles que lleguen al alma o queden grabados en la retina de quien los recibe.
Seguro que soy otras tantas cosas, pero a grandes rasgos, así soy yo. Por supuesto, invito a quien quiera a apuntar lo que considere…
Él hizo que aquella estación, mi estación preferida del año, se volviera gris, triste, desoladora. Que estuviera deseando que pasara. Él hizo que no saliera el sol, a pesar de que entonces me encontraba en una de las ciudades con más luz que conozco.
Pero tú llegaste para transformar la luz de los días, las estrellas de las noches, y de repente la alegría llegó.
Tú hiciste que aquel verano tuviera otro toque, otra vida…
Que una primavera triste fuera la antesala de un verano alegre.
Hiciste que la sonrisa volviera, que la risa fuera una constante, y las conversaciones se volvieran eternas, sin importar si valía la pena dormir más o menos…
Tú lo hiciste posible y quisiera que eso volviera…
Hoy no se trata de un microbrelato. Hoy no. No porque no quiera, sino porque sé que no saldrá, ni aunque me lo proponga. Y porque esto no lo merece. Merece más.
Hoy hablo de lo que va y viene. De los antojos de la vida. De lo que se enquista si no lo dices y duele si lo expresas. De los trenes que vienen y van. Y van y no vuelven. De las oportunidades perdidas. Del ‘te lo dije‘ que te dices a ti misma.
Así de loca es la vida. Así de estúpida yo. Así de predecible la respuesta. Pero aún así, quedaba siempre la duda ahí, por si acaso. Aunque no podía ser tan idílico. Pero no podía callar, tenía que intentar llegar a ti, de alguna manera, quizás de la más cobarde.
Darse cuenta tarde. Demasiado tarde. Querer ser lo que no pude. O madurar demasiado tarde. Valorar a quien lo merecía hace tiempo, demasiado. Anhelar lo que no fue mío nunca. Lo que tuve delante, y no supe apreciar.
Porque de eso va esto. De no valorar, de tener miedo a qué pudiera ser, o a que no fuera, y preguntarme ¿y entonces qué hacer?. Del miedo a perder del todo, de una u otra manera. De que aquello que perseguí durante un tiempo por aquellos pasillos no fuera lo que idealicé.
Pero también de no ser suficiente. De no saber dar lo que merecías. De no ser lo que buscabas. Porque idealizar sin conocer es fácil. De que aquellas palabras hacia mí no fueran yo.
Y perdí. Aunque no lo valoré. Y pierdo ahora, en el presente. El pasado no vuelve. Bueno sí, solo en ciertas ocasiones. A mí no me ha pasado. No puedo tener una bonita historia años después. Lo estropeé.
Y pensé que aquel no era el momento. Y me equivoqué. Y el momento no será nunca. Siempre habrá quien tenga la suerte que yo dejé marchar. Por miedo. Por incapacidad…
Pero si no supone un problema. Si no te coarto, si no hago que olvides lo demás y a los demás.
Pero si no supone renunciar a nada. Porque no quiero tenerte en exclusiva, sino para compartirte con los demás…con los que te quieren, y a los que quieres…
Sin más, me encontré un día preguntándome ¿qué será de él?
Y sin más, me dirigí a mi móvil y busqué tu contacto.
-¿Qué hay de ti? ¿Qué pasa contigo?. Pensé que no obtendría respuesta por tu parte, pero a los pocos minutos, la luz de mi móvil parpadeó y escuché el sonido de un nuevo mensaje.
-Bien, guapa. Trabajando mucho, ahora de camino al gimnasio. Pero bien. No me puedo quejar. ¿Y tú? Veo por tus fotos que tan guapa como siempre…
Y sin duda, fue la prueba de que no había cambiado nada. De que mi abandono, no solo hacia ti, sino hacia todo lo que pudiera significar algo en mi vida, no había tenido fatales consecuencias.
Pareció como si el tiempo se hubiera congelado, y ahí estaba, buscando una nueva frase con la que saber algo más, para no dejar morir la conversación ahí…