Apareces en mi sueño, cada noche, pero no soy capaz de avanzar y ver qué ocurre al final…
Eres parte de un sueño inconcluso que se repite pero al que no soy capaz de poner un broche…
Y cada mañana no me queda más que preguntarme por qué…

Apareces en mi sueño, cada noche, pero no soy capaz de avanzar y ver qué ocurre al final…
Eres parte de un sueño inconcluso que se repite pero al que no soy capaz de poner un broche…
Y cada mañana no me queda más que preguntarme por qué…

Me pregunto qué fue de ti. Te esperé, tarde tras tarde, en aquel banco del parque donde nos encontramos tantas veces…
Pero no volviste. Quizás viví un espejismo. Quizás tu vida estaba en otra parte. Y fui solo un refresco, un oasis en tu día a día.
Sea como fuere, agoté mi paciencia esperándote, y mi felicidad se fue contigo…
Por eso, quizás, me pregunté, por mucho tiempo, qué fue de ti…

Acción, fusión y reacción. Igual que nos fundimos en uno que reaccionamos como el agua y el aceite…
Polos opuestos. Que se atraen y se repelen a cada instante…
Orgullo y respeto…
Amor y odio…
A ratos sí, y a ratos no…
Así somos tú y yo, acción y reacción, fusión y reacción…

Ahí estabas. Con tus zapatillas viejas y tu pantalón raído con agujeros en las rodillas. Con tu camiseta blanca de manga corta que resalta tus trabajados músculos, sin que parezcas lo que no eres…
Con la mirada perdida y apoyado en el coche. Con aire desenfadado y despreocupación en la pose de tu cuerpo…
Me paré a contemplarte un instante y entonces, como si me hubieras sentido, te giraste. Me sonreíste. Te sonreí. Y me acerqué a ti…

Si me invitas a entrar, me cuelo sin llamar, sin pensarlo…
Así que, no lo pienses, déjame entrar…

Allí te esperaba, con las ganas instaladas en el estómago y las ansias en la garganta, queriendo salir…
Pero cuando te vi llegar, con el semblante serio y tu media sonrisa por bandera, se me olvidó todo lo que quería decirte…
Todo lo que necesitaba escupir se diluyó, y la sonrisa también apareció en mis labios, dándote la bienvenida…

Eso beso, dulce e inesperado
Ese beso cálido que unió nuestros labios…
Ese beso, que solo fue el inicio de ese cosquilleo en el estómago…
Ese beso, entre nosotros…tú y yo…

Qué importante perdonar y perdonarse…
Qué importante no hacer que el paso del tiempo, inexorable, nos deje con las ganas de un perdón o de perdonar…
Qué importante saber abrazar, sin palabras, sin intenciones, sin premeditarlo…
Qué necesario estar bien, con uno y con los demás, sin guerras, sin batallas, sin luchas…
Qué importante perdonar y perdonarse…

Comprende que no hacen falta aspavientos…
ni tantos golpes de pecho…
que lo que se hace de corazón…
no hace falta exponerlo…

Los golpes siguen llegando…
inesperados pero dolorosos…
disfrazados de inexistencia y ocultación
cargados de maldad e ingratitud
manchados de falsedad e hipocresía
golpes que recibes con resignación y estupor
e impactan donde más duele, pero que
seguirán reafirmando que son innecesarios e injustos…
Golpes que te darán donde más duele pero
que no teñirán tu conciencia…
