El espejo te devuelve el reflejo de alguien a quien no reconoces.
Eres frío, gélido, impasible, pasota…
Y parece que hubo un día, pretérito y olvidado, en que no eras así…

El espejo te devuelve el reflejo de alguien a quien no reconoces.
Eres frío, gélido, impasible, pasota…
Y parece que hubo un día, pretérito y olvidado, en que no eras así…

Nada que ver. Por lo menos a simple vista. Pero todo por surgir.
Y aunque mi mente dijera no, algo por dentro dijo sí.
Y por eso no me cerré en banda, y gané…

Solo me hizo falta encontrarme contigo y mirarte a los ojos para sentir una necesidad imperiosa de tomarte la mano
Sentir tu calidez, tu cercanía, saber qué me transmitirías…
Y sentí que estaba en casa. Que eras la persona más cercana que me ha tocado jamás, y quería que no te fueras nunca, que me dejaras atada a tu mano siempre, sin descanso…

¿Y si no soy capaz de escribir? Esa duda me asalta a ratos…
Que llegue el día en que no sea capaz de transmitir lo que siento, lo que pienso, lo que soy…
Ojalá no llegue nunca, ojalá pueda seguir contando lo que surja aquí dentro…

Claro que te echo de menos. Tu sonrisa, tu forma de hacerme reír, tu alegría.
Echo de menos que me hicieras cosquillas, nuestras riñas, que me hicieras chinchar…
Echo de menos todo de ti. Y dudo que nada ni nadie me lo devuelva. Porque contigo todo era especial…

A veces, estamos cerca y nos sentimos tan lejos…
Porque no nos entendemos, porque somos tan distintos, porque no pensamos igual, porque…por tantas cosas…
Que al final la distancia, aunque no sea física, está, existe y se nota…

Así fue siempre. Solo tú y yo. Sin que importara nada ni nadie más.
Sin miedo a que fueras de otra. A que hubiera tentaciones.
No. Ese aspecto lo teníamos salvado, porque solo teníamos ojos el uno para el otro…

Pensé que vaciarme serviría de algo. Que expresarme, decir lo que pienso, o lo que se pasa por esta atolondrada mente, serviría.
Pero nada más lejos de la verdad. Me vacío para volver a llenarme de medias tintas, de palabras que no entiendo y actitudes absurdas que no llego a comprender…
Vaciarme, ¿para qué?

Cuéntame algo, le pidió inocente…
Tengo miedo a perderte, me gustas desde hace más de lo que imaginas, me duele alejarme, y te pediría que no te marches nunca -le dijo.

Me fui antes de tiempo, por miedo a que me echaras, a que estuvieras mejor sin mí.
Y el tiempo me dio la razón, porque no hiciste nada por hacerme volver…
