Di lo que piensas. Di lo que sientes…
Ven y agárrame fuerte. Abrázame y hazme sentir, sentir algo…
Haz que parezca que el tiempo no ha pasado, como si se hubiera parado…
Ven y dilo, no pierdas (perdamos) el tiempo…

Di lo que piensas. Di lo que sientes…
Ven y agárrame fuerte. Abrázame y hazme sentir, sentir algo…
Haz que parezca que el tiempo no ha pasado, como si se hubiera parado…
Ven y dilo, no pierdas (perdamos) el tiempo…

En otoño, me encanta ir descalza.
Y sentir el frío del suelo bajo mis pies.
Y correr por el salón, llegar al sofá y dejar que frotes mis pies, hasta darles calor.
Pero solo por notar el tacto de tu piel en la mía, me descalzaría siempre, toda la vida…

¿Acaso yo estoy en tu mente?
¿Me recuerdas, sabes que existo? ¿Quieres que esté a tu lado?
Una y otra vez estuvo a punto de preguntarte, pero finalmente no pude. Me sentí ridícula y algo tonta al pensarlo.
Y es que, creía que no…

Solo necesito un abrazo. De alguien que me achuche y me dé la fuerza que no tengo.
Esa fuerza que quiero aparentar y no tengo. Porque no se puede ser fuerte todos los días, a todas horas. Porque no se es valiente siempre. Ni cuando uno quiere.
Y hay días en que, sin vernir a cuento, quiero y necesito un abrazo. Sin mediar palabra. Que me asalte alguien y me haga fuerte. O haga que se me salten las lágrimas. Que me vacíe, que me regenere.

Mi eterna duda es solo una: que me quieras.
Que no pierdas la ilusión porque te siga acompañando, que sigas estando ahí, para que pueda cuidarte y mimarte.
Que me sigas sacando una sonrisa, cada vez que te vea, y compartamos momentos juntos…
Así toda la vida…

Sin pedírtelo, te pusiste en mis zapatos, con lo complicado que es tener empatía hoy.
En mis zapatos, que tan gastadas llevan las suelas y tan raídos están.
En mis zapatos, que ya no sirven para nada, ni siquiera para trazar pequeños tramos.
En mis zapatos, tan castigados.
Gracias por ponerte en mi piel, a pesar de todo, y gracias por estar…
Y a los demás, incluida yo, un consejo, pensemos antes de hablar o actuar, pongámonos en los zapatos de los demás, que así aprendemos mucho y haremos menos daño…

Soñé contigo, y era tan nítido, que nos veía cogidos de la mano, disfrutando de lo nuestro como dos adolescentes. Eso que no somos.
Viví capítulos enteros de eso tan especial que teníamos y que no es real…
Pero el móvil pegado a mi costado me despertó. Y me devolvió a la realidad. Seguramente me quedé dormida viendo algo relacionado con tus redes sociales, y el subconsciente me llevó a ti, aunque sé que fuera de ese sueño, nada puede ser.
Pero cuando desperté, quise plasmar la preciosa sensación de calma que me había supuesto soñar contigo, para no olvidarlo jamás, sobre todo con la tranquilidad que me da saber que no me leerás, no te reconocerás y no podrás pensar, una vez más, que estoy loca…

Pasó el otoño, llegó la primavera, y casi el verano…
Y ahí te veía, en el mismo sitio. Yo pasaba de lejos, con el coche, o andando de vez en cuando, solo para acercarme un poco.
Pero lo único de lo que fuimos capaces es de mirarnos, bajar la cabeza, y continuar con nuestras cosas.
Y ahí se quedó. Sin más. Y seguro que llega otro otoño, y te sigo viendo de lejos, sin atreverme a más. Sin pedirte más…

Miraría tus ojos otra vez…
Porque ellos sé que no me mentirían…
Pero ya es tarde para hacer esa concesión. No quiero mirar tus ojos, no quiero verte más. Y mejor así.

No voy a permitir que vuelvas a tener control en mi…
Por eso, no tiendas tu mano como si hubiéramos terminado bien, como si hubiéramos hablado ayer mismo o fuéramos amigos…
No quiero deberte nada, no quiero tener que agradecerte nada…
Así que no vuelvas, porque no sé si soy capaz de resistirme…
