Me derrito entre tus manos, y en tus brazos pierdo el control.
Y a pesar de que hace tanto que tú y yo nos amamos, cada día es como un nuevo empezar.
No hay rutina, no hay medias sonrisas ni falsedades. Siempre hay un motivo para sonreír, y si estamos cerca el uno del otro, ese motivo se multiplica por mil.
Siempre creí que ese tipo de amores solo está en las películas, se dibuja en los cuentos y no se plasma en la realidad. Pero tú y yo lo hemos conseguido, por eso me derrito en tu piel, pierdo el control con cada locura y me siento viva contigo…
Incoherente desde el primer momento. Aunque no quisiera darme cuenta.
Porque preferí ahogar esas luces de neón que palpitaban sobre mi cabeza y esconder mis sospechas. Preferí no causarme e inflingirme dolor, y pensar que al final, querrías.
Pero no fue así. Y mientras yo prefería mirar a otro lado, tú y tu incoherencia me llevásteis a creer…
¿Te gusta? Ése es tu problema, y tú tienes la solución.
Esa frase la he escuchado hoy en una película, y se me ha quedado grabada. De hecho, ha estado dando vueltas en mi cabeza durante horas.
Y cuando algo se me atraganta, o se guarda en mi cabeza, es algo importante. Ya lo he comprobado.
Por eso, y por nada más, he querido compartirla aquí, porque quizás para vosotros también signifique algo. También os diga algo. Seguro que a cada uno nos dice algo distinto. Eso por descontado. A otros os hará pensar en qué supone para vosotros.
Para mí no significa más ni menos que si alguien te gusta, en tu mano está ponerle solución, decírselo, hacérselo saber o notar, explicarte, y encontrar una respuesta. Un sí, un no, un tal vez o un ya veremos. Un beso, un abrazo, una sonrisa de satisfacción…