Sin pedírtelo, te pusiste en mis zapatos, con lo complicado que es tener empatía hoy.
En mis zapatos, que tan gastadas llevan las suelas y tan raídos están.
En mis zapatos, que ya no sirven para nada, ni siquiera para trazar pequeños tramos.
En mis zapatos, tan castigados.
Gracias por ponerte en mi piel, a pesar de todo, y gracias por estar…
Y a los demás, incluida yo, un consejo, pensemos antes de hablar o actuar, pongámonos en los zapatos de los demás, que así aprendemos mucho y haremos menos daño…









Que tú y yo…