Había estado esperando, sin saber con certeza qué. Quizás una llamada, una conversación…pero no llegó…
Entonces supo que poco más podía hacer. Que si no estaba todo dicho, porque para ella no lo estaba, ya que quedaba algo en el tintero, tampoco tendría oportunidad de que se diera…porque es imposible obligar a alguien a hacer lo que no quiere…
¿Hay alguien más? ¿Hay quién sí te llena los días y las noches, con quien sí te apetece compartir tu tiempo?
Era una idea que le rondaba con demasiada frecuencia en los últimos días, pero no se veía con fuerzas para plantearlo, por miedo a la respuesta, y porque, obviamente, no era quién para hacer esa pregunta.
Estaba segura de que había alguien que sí obtenía respuesta a sus atenciones para con él, quien sí conseguía llegar hasta él como quería poder hacer ella…
Es cierto algo que me han dicho, y es que a veces podemos obtener el efecto contrario al que deseamos.
Si ya has dicho lo que piensas, no lo repitas en exceso.
Si ya has desgranado tus sentimientos, no vuelvas a decirlos.
Si ya te has prestado a ser el hombro de quien libra una dura batalla, no insistas.
Porque no por mucho decir lo que sientas ni querer estar en las malas de ese alguien a quien sientes como especial vas a conseguir estar cerca. Al revés, puedes sonar oportunista y conseguir lo contrario, es decir, producir un sentimiento de rechazo que te aleje aún más de lo que ya te sientes o estás…
No creas que soy tonta. Que no haya encontrado la manera de alejarme no significa que no me dé cuenta de lo que ocurre.
Y sé que hay quien me entiende cuando digo que, aún siendo consciente de que no despierto nada en ti, que no soy nada para ti, encuentro el camino para irme.
Siempre parece que hay una circunstancia ajena a mi voluntad que hace que te burles una vez más de mí. Y mientras yo me vacío dándotelo todo, insistiendo para saber qué piensas de mi. Y tú vuelves a pasar, despreciándome sin pudor.
Y me martirizo mucho y cada día pensando en qué tendría que tener para poder llegar a ti, para gustarte, atraerte, para ser capaz de despertar algo en ti. Y eso hace que mi autoestima caiga un poco más. Aunque nunca estuvo muy arriba.
Y qué tiene que pasar para que seas capaz de decirme lo que reclamo una y otra vez. Porque creo que lo merezco. Y qué tiene que pasar para que yo actúe.
No es tan difícil despojarse de una persona que no pinta nada para ti, no es tan difícil ser sincero y herir a ese alguien. Porque no te importa. Qué más te da.
Pero en cambio juegas a mostrar indiferencia. Como si yo te hubiera hecho algo para recibir tanto desprecio. Ni en otra vida podría haberlo hecho.