Periodista. Amante de las letras y la escritura. Aventurera en el mundo de la comunicación. Una apasionada de las historias del día a día, independientemente de su extensión...
Se desdibujó tu rostro, y ya no pude recordar dónde estaba ese lunar tuyo tan característico, o de qué color eran tus ojos. Tampoco pude saber ya cómo de grandes eran tus pestañas o tu boca, ni cómo era tu sonrisa…
Y es que, los meses dieron paso al pasotismo, a pesar de que los primeros días después de dejar de verte necesitaba encontrarme contigo a cada momento.
Siento decirte esto, pero ya no te busco, ya no te sueño, ya no siento la necesidad de saber dónde o con quién estás. Ya nada tiene sentido.
Claro que no fue el momento. Lo sabíamos los dos, pero nos dejamos llevar.
Nos dejamos llevar por el impulso de una buena conversación, de un poquito de atención, de un ir viendo pasar los días, sin prisa pero sin pausa…
Yo, porque las circunstancias, la vorágine del día a día, la incapacidad de ser alguien con nadie por falta de tiempo ni ganas, me arrastraron hacia ti. Y tú, porque lo que tenías en casa no te llenaba, aunque lo negaras, aunque te aferraras a ella como si fuera la última mujer que fuera a querer estar contigo.
Pero no cuajó. Y lo sabíamos desde el minuto uno. Pero no quisimos enterarnos, preferimos hacer oídos sordos y seguir. Y llegó un momento en que nada de eso tuvo sentido. Pero lo sabíamos, y es que no fue el momento, claro que no…