Periodista. Amante de las letras y la escritura. Aventurera en el mundo de la comunicación. Una apasionada de las historias del día a día, independientemente de su extensión...
Noté tu aliento en mi espalda mientras me desnudabas poco a poco…
Sentí tu rápida necesidad de sentirme, tocarme…
Escuché tu respiración impaciente en mi nuca, mientras tu lengua jugaba a recorrer mi espalda…
Noté tus manos, algo frías, manejando mi ropa interior, para deshacerte de ella poco a poco. Esa ropa interior que había elegido para que disfrutaras de ella.
Sentí cómo esas manos frías me tocaban los brazos, la espalda, el trasero, y volvían a subir hasta mi cuello…
Me dejé llevar mientras seguías jugando, poco a poco, conmigo, y me perdí en tus propuestas indecentes…
Quise mirarte, por eso me giré, dejando mi cuerpo a tu merced, e intentando despojarte de la ropa. Lentamente desabroché tu camisa y tu pantalón, y me quedé contemplándote, ahí, en boxer.
Pero tú volviste a tomar las riendas de aquella situación, y ahora tu boca recorrió mis pechos y mi estómago, hasta llegar a mi ombligo. Donde hiciste que perdiera la noción del tiempo…
Y a partir de ahí, simplemente sé que grité, me revolví de placer y te pedí más, que siguieras y no pararas, que me llevaras al clímax y me dejaras escaparme…
Nunca fue de tomar decisiones. Más bien de dejarse llevar o de que fueran los demás quienes la dirigiesen. Y no se consideraba ni mejor ni peor que los demás…
Simplemente en algunos aspectos prefería dejarse guiar.
Pero no era de quedarse parada. Eso no. No podía irse a dormir cada día sin intentarlo. Lo que fuera.
Pero poner topes a lo que le hería también era necesario. Eso sí. No sabía si era o no tomar una decisión, pero debía actuar.
Por eso prefirió dejar la decisión en manos de él, pero de algún modo empujarlo a actuar.
«Si quieres que esté, estaré. Si quieres que me vaya, lo haré. Pero aclara qué soy para ti y cómo debo actuar. Si me dirijo a ti, si espero, si te digo lo que pienso y siento, o no. No quiero interpretar tus silencios, tus conversaciones salpicadas de interrupciones o que me utilices para canalizar tu rabia. Solo quiero estar ahí y que estés, solo quiero ser y tener un espacio en tus días y tus noches. Saber que estás y quieres que esté o irme sin más, con dolor, frustración, y tabia, pero hacerlo para que deje de corroer».
Porque a veces esperar era complicado para ella. Quizás siempre, porque la paciencia nunca había sido su fuerte.
Quizás soy fría y demuestro poco, pero te perdiste tanto, todo lo que te podía dar en la intimidad, en el momento de estar solos, porque es donde me entrego.
Te perdiste mis caricias porque sí, mis mimos a medianoche, la calidez de mi sonrisa, el descaro de mi vergüenza, mis ganas de hacerte el amor…
Mis cartas están sobre la mesa, pero no paro de dar con cobardes…
Quizás tú deberías hacer lo mismo, porque en mayor o menor medida, todos sabemos hacerlo, la cuestión es querer…
Por lo menos estaría bien hacerlo para igualar la partida
Pero te va más hacer trampas y jugar al despiste
Siento que tus modos de juego sean tan chupuceros
Pero si así te va bien no seré yo quien pida que lo cambies…allá tú, pero pocas serán las partidas en que puedas sentirte victorioso, por lo menos moralmente…