Tan grande, tan pequeña…

Aquella ciudad me pareció tan grande y tan pequeña por momentos…

Porque te busqué mucho, con la mirada y con mis sentidos, y nunca te encontré.

Anhelaba coincidir contigo por la calle, pero parece que aquel lugar en el que vivíamos era demasiado grande para esa mera coincidencia.

Y sabía que, cuando no quisiera mirarte a los ojos, y que tú no buscaras los míos, entonces aquel lugar sería tan pequeño que estaríamos condenados a encontrarnos…

tan grande, tan pequeña
Aquella ciudad (Internet)

 

Anuncios

Toqué tu cara con sigilo

Toqué tu cara con sigilo, para poder imprimir aquel gesto, aquel tacto, en mi memoria, y no olvidarlo jamás.

Lo hice casi sin pensar, aunque cuando dirigía mi mano hacia tu cara pensé que quizás no era sensato hacerlo. Porque las circunstancias no eran precisamente las idóneas.

Pero no te moviste, dejaste que mi mano, en un gesto que me pareció que ocurría a cámara lenta, llegara a tu cara, e incluso alcanzaste mis dedos con tu mano, para hacerme sentir especial, para hacerme sentir que nada podía salir mal.

toque su cara
Él/Ella (Internet)

 

No lo calcules

Premeditar cuándo esa persona que esperas aparecerá por la puerta no es sensato. No lo calcules. Cuando llegue el momento lo hará. Y sabrás que es. No hará falta preguntarte o preguntárselo.

Si te causa algo de miedo o sensación de vértigo seguir indagando en su interior por miedo a lo que puedas descubrir, es que es quien estabas esperando. Porque no sabes qué vas a encontrar.

no lo calcules
No lo calcules (Internet)

Cuando llegue no pierdas la oportunidad de decirle que se puede, que comparta contigo sus sueños, sus miserias, sus alegrías y dolores. Y los tuyos.

Disfruta del momento, porque esa persona habrá llegado. Y nunca reniegues de que pueda ser, aunque parezca complicado. Y si duda o dudas, más claro puedes tener que es…

 

Dolió, pero ya no…

Tu estúpida y engreida actitud dolió. Pero ya no.

Porque los mentirosos no tienen cabida en la vida de alguien como yo. Y tu problema fue no decir la verdad nunca, ni poniéndola delante de tus narices.

la verdad
La verdad (Internet)

Has preferido contar mentiras, una tras otra, a decir la verdad. Si el resultado era el mismo, que no te importaba quien preguntaba, qué más te daba decir la verdad.

Pero no. Preferiste seguir mintiendo y provocando malestar y dolor en mi. Hasta que ya no dolió más.

Si tú no cuentas la verdad yo la formaré, pieza a pieza, por ti.

Inalcanzable…

Tenerte de forma reiterada en mis sueños, noche sí, noche también, no te hacía más cercano.

Cada amanecer sentía frustración porque no despertaba contigo, y eso te hacía aún más inalcanzable. Frustración que se tornó en un sentimiento de desasosiego al que no supe poner nombre y mucho menos cambiar, tornarlo en alegría y perserverancia.

inalcanzable
Inalcanzable (Internet)

Tan cerca de ti de noche, cuando Morfeo venía a visitarme, y tan lejos al amanecer, con el sol encumbrando el cielo…Tan cariñoso en mis sueños, cada noche, en que rememoraba nuestros planes, y tan lejos cuando el frío de la mañana calaba mis huesos…

 

La paz…

La paz llegó a mi vida cuando dejé de pensarte. Cuando saliste de mi cabeza y nunca más volviste a protagonizar mis días y mis noches.

Ese sentimiento fue pleno en mi vida cuando ya no te puse como una preferencia en mi vida, sino como un pensamiento ocasional y residual que quedó en el pasado.

paz y calma
Calma (Internet)

Y la paz llegó sola, sin buscarla, sin pensarla, sin más. Y la calma vino solapada a esa paz que tanto anhelaba y tanto deseaba. Porque todo llega…

No esperes de mí…

No esperes más de mí, porque si no recibo llega un momento en que no doy más de mí, porque no me apetece, porque no es justo…

No esperes que vuelva a insistirte, porque si no me quieres ver no lo harás…

No esperes que me preocupe por ti, por tus miedos, tus dudas, tus problemas, porque los míos no te han importado…

No esperes que crea en que todo lo que te ocurre es responsabilidad de los demás, porque meterse en la boca del lobo no es problema de ellos, sino tuyo…

No esperes que me gire al verte, porque llega un momento en que serás invisible…

No esperes que me deshaga en atenciones cuando yo no he recibido ni siquiera las migajas…

no esperes
No esperes nada de mí…

No esperes que siga ilusionada, porque lo poco que he reclamado de ti no ha llegado en ningún momento…

No esperes que sea tan ingenua de no ver todo aquello que atraes hacia ti, a pesar de que duela, porque no puedo cerrar los ojos…

No esperes, porque no estoy dispuesta a que me ignores, a que me tomes por tonta, a que aproveches la bondad de mi mano tendida…

Cuando te cansas…

Cuando te cansas no hay vuelta atrás. Por lo menos no en mi caso. Tengo largo recorrido, hasta que mi mente da un vuelco y ya no atiendo a razones.

A veces sientes que has sido utilizada y tú en cambio has dado una parte de ti. No sé implicarme a medias, o me doy entera, o no lo hago.

me canso
Cuando me canso (Internet)

Y cuando me retiro, también lo hago al completo. Sin medias tintas y sin medida. Porque no tengo capacidad de retirarme poco a poco.

Por eso, a ti, te aviso, cuando tengas al lado a alguien como yo, o tenla en cuenta al completo, o pasa de largo, porque a medias no, porque para utilizar no, porque para dar migajas no…

 

Su mano recorriendo mi cuerpo…

Había imaginado su mano recorriendo mi cuerpo, pero nada fue tan certero como cuando ocurrió. Porque ocurrió.

Solo había sentido su mano recorriendo mi cuello, en algún gesto amistoso, pero no como había esperado y demasiadas menos veces de las que hubiera deseado. Y pasó.

Pasó que de repente sentí su boca cerca de la mía, rozando mis labios de forma suave y pausada, con ganas y pasión, pero como nunca antes habían besado mis labios.

Mientras, su mano recorrió mi cintura, y un calor irrefrenable subió desde mi bajo vientre hasta mi pecho, y estuve a punto de perder el aliento. Una mano que terminó en mi trasero, mientras una de las mías buscaban bajo su camiseta tocar su torso. Torso perfectamente cuidado, el lugar donde tenía claro que quería descansar. Pero antes tenía mucho que explorar.

Exploré su cuello, con un suave recorrido con mi lengua, hasta llegar al lóbulo de su oreja. Y ahí me entretuve hasta oirlo gemir. Gemir de placer, de deseo. No pude resistirme, y ante esa respuesta agradecida, mis manos intentaron deshacerse de su camiseta, hasta dejar su pecho desnudo ante mí. Y al poco, la mía también terminó por el suelo, mientras exploraba mi pecho, una vez más con deseo.

No pude parar de besar su pecho, mientras tocaba aquel cuerpo que tantas veces había imaginado. Y quise continuar, continuar ahí, jugando con él mientras no podía dejar de mirar sus ojos, ojos pícaros que ahora estaban demasiado cerca y no lejos como hasta hacía unos días. Ojos que irradiaban fogosidad, ojos que ahora sabía leer y que antes me habían confundido en muchas ocasiones en que los había buscado.

Ahora podía decir que lo tenía justo donde lo quería, en mis brazos, jugando conmigo y dejando que quedara prendada con cada paso que dábamos.

Antes de poder pensar en cuál sería mi siguiente pasó sentí que se despojaba de mi falda, que desapareció en el suelo. Me pilló por la cintura, y di un brinco hacía la suya, rodeándolo con mis piernas, apretando con fuerza para que no escapara nunca de mi lado.

Hice todo lo posible porque parara en mi cuello, donde me encantaba recibir caricias y besos, besos pasionales.

Y antes de lo esperado, me vi tumbada en la cama, con sus labios en mi vientre, bajando poco a poco por mi cuerpo, mi cintura, mis muslos y mis piernas, para volver a subir. Así estuvimos un rato hasta que el deseo hizo que en un arrebato fuera yo quien tomara las riendas e intentara zafarme de sus pantalones.

El próximo objetivo, tras un largo, divertido y silencioso juego de besos, caricias y pequeños mordiscos, fue hacer que fuera mío y yo suya. El deseo se perdió entre las sábanas, y mi cordura se fue de la habitación, haciendo que me volviera loca, como sentí que yo lo volví a él.

Fue de esos momentos en que sientes que cuadras con alguien, que esas miradas y ese tonteo que había notado en el aire no había sido solo un espejismo, sino algo que habíamos conseguido llevar a la intimidad y hacer que se convirtiera en una experiencia magnífica. Una experiencia que quisimos repetir, porque nuestros cuerpos se llamaban, se entendían, se gustaban y formaban un buen tándem. Y fuera de esa intimidad, conseguimos reir juntos, que las bromas nos llevaran a la complicidad y todo aquello fuera prácticamente ideal…

pareja en la cama