Hay oportunidades que no se pueden dejar pasar y trenes que es mejor ver cómo se van…
Lo difícil es saber cuáles son las oportunidades que valen la pena, a quién hay que dejar pasar y quién no merece siquiera un pequeño pensamiento al día…

Hay oportunidades que no se pueden dejar pasar y trenes que es mejor ver cómo se van…
Lo difícil es saber cuáles son las oportunidades que valen la pena, a quién hay que dejar pasar y quién no merece siquiera un pequeño pensamiento al día…

¿Qué necesitas? – le preguntó.
Un beso…
Un abrazo…
Un largo café…
Un paseo a pie de playa…
Un día para compartir…
Una cena en aquel lugar que me nombraste…
Un baño caliente…
Una pelea de almohadas…
Despertar a tu lado…
Mirarte a los ojos y verme en ellos…
Y a ti, mi pequeña – le dijo él…

Un beso…
Necesito un beso…
Echo de menos un beso…
Un beso de tu boca, de tus labios…
Un beso cálido, con ternura…
Un beso carnoso, sabroso…

A veces me pregunto qué era de mí antes de ti, antes de que llegaras.
Casi no alcanzo a recordar, a pesar de que hace dos días como aquel que dice que apareciste…
Y lo peor es pensar qué será de mí cuando te vayas, cuando te esfumes como llegaste, sin avisar, sin decir hola y entonces será sin decir adiós…

Alguien cualquiera. A solo unos pasos de ti. Su mirada te recorre. Se fija en todo tu ser.
Y sin venir a cuento, te suelta un piropo.
Un piropo que podría haber sido halagador. Pero no. Porque no venía de la persona adecuada. Porque no era él…

Últimamente tengo la sensación de que las lágrimas asoman con demasiada frecuencia a mis ojos.
Y lo más desconcertante es que muchas veces no sé el motivo. O hay demasiadas razones. A saber.
Lo que sí tengo claro es que no merezco esa desazón que me quema por dentro y lanza las lágrimas a mis ojos, en el peor momento y sin venir a cuento…

Demasiado fácil para ti…
Demasiado complicado para ella…
Para ti, un juego. Cuando te cansas de tu vida diaria, buscas una salida en ella.
Para ella, una ilusión de encontrar a alguien especial, alguien distinto, a pesar de todo.
Para ti, una distracción, siempre teniendo a alguien pendiente de ti…
Para ella, la sinrazón personalizada, la duda constante de si habría algo de ella que te hiciera quedarte, dar un paso…
Para ti, la certeza de que aún tienes cierto encanto, teniendo lo que quieres a buen recaudo…
Para ella, la incertidumbre siempre presente. Y el miedo a decidir, por temor a equivocarse…

Todo se forja poco a poco. A fuego lento…
De intentar conocerse, de querer y no poder, de saber cómo es quien tienes enfrente, de jugar a ser el más en cualquier aspecto para conquistar, de arrancar sonrisas y rascar en lo más hondo de esa persona para conocerla…
De compartir los días buenos y los malos. De mostrar las cicatrices, los tatuajes en la piel que no se hacen con agujas…
De indagar en el otro y en lo que desea. En lo que el gusta, lo que le detesta, con lo que sueña y lo que es una terrible pesadilla…
De reír hasta que te duela el estómago. De buscar las cosquillas, literalmente, a esa persona. De inventar una jerga propia…
De ofrecer tu hombro para llorar, tu ser para escuchar y tu disponibilidad para estar en los peores momentos, porque será cuando merezcas estar en los mejores, compartir cada pequeño detalle…
De quedadas. Con el café en la mano para sumergirte en cada una de las historias de esa persona, hasta los encuentros en la oscuridad con ésta como aliada para recorrer su cuerpo y sentir que te recorren…
De pasión, de placer. De arrebatos en los que sobra hasta la piel.
De pequeños desencuentros que se alivian al minuto, de peleas que te hacen aprender del otro…
De pedir sin recibir y recibiendo más de lo que pediste. Que no te concedan en el momento pero te compensen…
De pequeñas mentirijillas y de fingir que no te das cuenta de algo para no estropear el momento. De comerte la cabeza sin entender por qué…
De imprimir paciencia y pedir aún más. De preguntas sin medida, aún sabiendo que no te dirán o que no querrás saber.
De dulces sueños apoyados el uno en el otro a la orilla del mar, de canciones compartidas y experiencias aprendidas.
De rascar hasta que duela, de aprender de los buenos momentos y aliviar los malos.
De contar sus lunares y seducirle. De pretender volcar un ramillete de piropos hacía él y recibir algún que otro de vuelta.
De pequeños detalles que ni siquiera percibas…
De todo eso y más…pero poco a poco. Con esa paciencia que te enseña a saborear los momentos…

Si nuestros mundos son tan diferentes,
creemos uno para nosotros,
donde solo nos preocupemos por ti y por mí…

Te preguntas cuán caprichosa puede ser la vida, que te pone en el camino a personas desconocidas que se vuelven necesarias. Para luego alejarlas de nuevo…
Como quien te pone un caramelo a punto de morder y te lo quita al instante, cuando ha llegado a tus sentidos…
Desconocidos que no sabes de dónde vienen y qué quieren pero que quieres conservar. De manera especial.
Porque, sin saber cómo, un día sin hablar es una eternidad; un día sin preguntar un qué tal es un paso atrás; un día sin curiosear es desaparecer poco a poco; un día sin conocerle es tiempo perdido; un día añoras su piel con la tuya; un día quieres sentir su sabor, ver sus ojos, tocarle y abrazarle…
Pero no siempre esos desconocidos se quedan, no siempre esos desconocidos dan…
