Esa mañana se le ocurrieron muchas preguntas, mil preguntas, pero no fue capaz de enviar ninguna. Se quedó ahí mirando el móvil sin saber qué poner. Quizás por miedo a que la respuesta no le gustara. Quizás por miedo a que no hubiera respuesta, porque no era la primera vez que se quedaba esperando…
Y al final no puso nada. Un día más en que esas preguntas se quedaban flotando en su mente…Sin llegar a él…
Envidia. No quizás de lo que tenéis. O sí. Pero más aún de ese vosotros, de lo que significa, del papel que tiene en tu vida.
Envidia porque te tiene en su vida, comparte contigo cada uno de sus días. Porque tenéis un ‘nosotros’.
Envidia por los ojos con que las mirarás. Por las conversaciones. Por la complicidad. Por la alegría que insuflará a todo tu ser. Si no ¿qué ibas a hacer ahí?
Envidia porque quisiera ser una mínima parte de ese vosotros. Por lo que quisiera ser. Y compartir. Y vivir. Y disfrutar.
Tan difícil de explicar quizás. Tan complicado de entender, seguro. Tan envidiable.
Y eso de que el tiempo trae respuestas, tampoco sabía si era así de cierto…
Pero la verdad es que no le quedó más que implorar que el tiempo pusiera todo en su lugar, porque ya no creía que hubiera aclaración para todas sus dudas…