¿Y si no soy capaz de escribir? Esa duda me asalta a ratos…
Que llegue el día en que no sea capaz de transmitir lo que siento, lo que pienso, lo que soy…
Ojalá no llegue nunca, ojalá pueda seguir contando lo que surja aquí dentro…

¿Y si no soy capaz de escribir? Esa duda me asalta a ratos…
Que llegue el día en que no sea capaz de transmitir lo que siento, lo que pienso, lo que soy…
Ojalá no llegue nunca, ojalá pueda seguir contando lo que surja aquí dentro…

Claro que te echo de menos. Tu sonrisa, tu forma de hacerme reír, tu alegría.
Echo de menos que me hicieras cosquillas, nuestras riñas, que me hicieras chinchar…
Echo de menos todo de ti. Y dudo que nada ni nadie me lo devuelva. Porque contigo todo era especial…

A veces, estamos cerca y nos sentimos tan lejos…
Porque no nos entendemos, porque somos tan distintos, porque no pensamos igual, porque…por tantas cosas…
Que al final la distancia, aunque no sea física, está, existe y se nota…

Así fue siempre. Solo tú y yo. Sin que importara nada ni nadie más.
Sin miedo a que fueras de otra. A que hubiera tentaciones.
No. Ese aspecto lo teníamos salvado, porque solo teníamos ojos el uno para el otro…

Pensé que vaciarme serviría de algo. Que expresarme, decir lo que pienso, o lo que se pasa por esta atolondrada mente, serviría.
Pero nada más lejos de la verdad. Me vacío para volver a llenarme de medias tintas, de palabras que no entiendo y actitudes absurdas que no llego a comprender…
Vaciarme, ¿para qué?

Cuéntame algo, le pidió inocente…
Tengo miedo a perderte, me gustas desde hace más de lo que imaginas, me duele alejarme, y te pediría que no te marches nunca -le dijo.

Me fui antes de tiempo, por miedo a que me echaras, a que estuvieras mejor sin mí.
Y el tiempo me dio la razón, porque no hiciste nada por hacerme volver…

Cada vez que te beso, siguen surgiendo mariposas en mi estómago, que salen a volar como si del primer día se tratara…
Cuando recorres mi piel con tu mano se me eriza al completo, como si del primer día se tratara…

Cansada. Dolida. Decepcionada. Cabreada, de nuevo, conmigo misma. Por ilusa. Por idiota. Por querer creer, en ti, en mí.
Con la decepción más a flor de piel. Repitiéndome que el dolor y la vergüenza pasarán. Pero tu conciencia no quedará tranquila.
Confiando en que pronto todo volverá a darme igual.

Qué gustazo poder mirarte por encima del hombro, porque ya no siento nada si te veo.
Poder mirar al frente sin temor a encontrarme con tu mirada, porque ya no me afecta.
Qué alegría poder decir que te he visto por ahí y no sentir.
Y qué verdad que el tiempo pone a todos en su lugar…
