Me gustas mucho. Sí, lo digo abiertamente, para que no solo lo sepas tú, sino todos…
Porque aunque esta dedicatoria sea anónima, yo sé que eres tú y tú sabes que es por ti…
¿Para qué más?

Me gustas mucho. Sí, lo digo abiertamente, para que no solo lo sepas tú, sino todos…
Porque aunque esta dedicatoria sea anónima, yo sé que eres tú y tú sabes que es por ti…
¿Para qué más?

Me considero una pésima detective. Persigo a los malos, y dejo escapar a los buenos.
Así es la historia de mi vida. Nunca elijo en condiciones.
Me dejo engatusar por quien no merece la pena, mientras otros pasan a mi lado inadvertidos, sin que les eche cuenta…
Y es que parece que nunca tuve buen ojo para perseguir a los que debo…Siempre me fijo en los malos, y claro, así me va…así nos va…

No quiso alejarse. O no podía. No estaba seguro.
Pero aquella chica, sus ojos, su embriagadora mirada y su sensual boca le llamaban a quedarse.
Por eso decidió dejarse llevar, una noche, y dos y las que hiciera falta, porque cada vez que hablaba con ella solo sentía la vibrante necesidad de volver a verla, volver a quedar con ella.
Olvidándose de todo y de todos. Era el poder que tenía sobre él. Que no había nadie más alrededor…

Se le hizo raro que por su cabeza pasara esa idea, pero era cierto que estar en sus brazos era como estar en casa…
Y le extrañó que esa sensación le pareciera cierta cuando aquellos brazos eran nuevos, demasiado nuevos.
Porque había habido brazos de años en su vida que no le habían reportado esa calidez. Y en cambio los suyos sí…
Quizás, pensó, no eran en sí esos brazos que conseguían arroparla como si fuera una niña, sino el olor que desprendían, el calor que daban…
Y eso era lo que le hacía sentir como en casa…Seguro…

Hoy no voy a hablar de otros. Sino de mí…
Hoy voy a mirarme el ombligo, porque sí, porque me apetece. Hoy hablo de mi sonrisa, imperfecta como la que más, pero que una vez me dijeron que transmite, que hace que quien está delante, se sienta reconfortado.
Una sonrisa, o media sonrisa, que hace a quien la recibe sentirse como en casa, a pesar de que haga dos días que nos conocemos.
Y eso lo agradezco, por muchas razones. Pero la que más, porque mi sonrisa no es de lo que más orgullosa estoy, pero si ha sido capaz de hacer amigos, yo me quedo con eso…

No te olvides de escribirme, porque con tus palabras sanas cualquier mal día…
No te olvides de describirme, como solo tú sabes hacer, y hacerme sentir la mujer más espléndida del mundo…
No te olvides de mirarme a los ojos y hacer que no recuerde nada más…
No te olvides de quererme, no solo cuando lo merezca, sino cuando no lo merezca, que será cuando más lo necesite…
No te olvides de sonreír, porque me alegras día y noche…
No te olvides de jugar, porque disfruto viéndote actuar como un crío…
No te olvides la frescura en casa, porque es lo que me hizo fijarme en ti…
No te olvides…de mí, simplemente eso…

No quiso saber. No quiso darse cuenta de lo que ocurría. Mejor así.
Antes había pecado de ingenua, y eso le había llevado a situaciones poco deseadas. Porque había pensado que pasaba lo que solo existía en su cabeza.
Sí, claro, no era solo cosa de su mente, pero al final era mejor pensar eso que darle vueltas a por qué esa persona en la que había confiado simplemente había jugado a mostrar interés cuando no lo había.
Por tanto, ahora no pensaba caer de nuevo en eso. Tomó distancia, se dejó llevar lo justo y necesario, y pensó demasiado, para no caer de nuevo en errores del pasado. Porque su ingenuidad y su confianza la llevaron a personas que no merecían la pena…

A cada persona te unen unas vivencias. Por muchas o pocas que te liguen a esa persona en la actualidad…
Vivencias que de repente vuelven a tu mente. Con algún motivo, que no viene al caso.
Y te hacen estremecerte. Porque en el fondo esas vivencias, esas anécdotas que ocultaste en un lugar de la mente, vuelven a aflorar…
Y entonces recuerdas lo que te gustaba hablar con esa persona, escuchar sus bromas, hacer chistes, pasar noches en vela, horas charlando, y todo lo que te gustaba de ella…

Recordó la frescura de su piel. Lo bien que le sentaba aquella camiseta. Sus manos sensibles…
Recordó la calidez de su mirada. Lo que le hacía sentir…
Recordó todo aquello y más cuando lo vio llegar al lugar en el que habían quedado…
Y de repente supo que era él…

Esas historias me han marcado. Me refiero a las que he leído hace escasas semanas o meses.
Y es que en los últimos meses han caído en mis manos varios libros que me han hecho soñar con sus protagonistas, con sus historias, con sus sufrimientos, con su día a día, con su capacidad para hacer que triunfe el amor…
He reído y llorado con ellos, me he identificado con ellas, he estado rabiosa y deseosa por saber qué pasaba…Eso es lo que espero de un libro, eso es lo que me importa…
Me ha encantado conocer a Maca y Leo (Fuimos canciones y Seremos recuerdos, de Elisabet Benavent), Sofía y Hugo (La magia de ser Sofía y La magia de ser nosotros, de Elisabet Benavent), o con Esther y Jorge (Hasta que salga el sol, de Megan Maxwell).
Espero seguir descubriendo historias que me llenen, que me hagan sentir, emocionarme, tener ganas de llegar al final…Y espero, algún día, escribir haciendo que alguien vibre con mis escritos…
