La soledad a veces se pide a gritos. Otras, se huye de ella…
Hoy es uno de esos días en que, sin querer, he ido buscando la soledad, a pesar de estar rodeada.
Porque hay días que el cuerpo te pide gritar, a solas; hablar contigo misma, a solas; estar con gente, pero a solas; preguntarte muchas cosas, pero a solas; y cabrearte, permitir que te dé el bajón e intentar recomponerte.
Pero es básico pedir ayuda a esa soledad que te permite intentar abrir la mente y ver más allá…
Aunque al final del día el cuerpo te pida un abrazo y abandonar esa soledad…
No sé qué es, pero tengo claro que formas un conjunto que difícilmente me podría gustar más…
Esa sonrisa me cautiva…tu pelo revuelto cada mañana me embauca…me divierte mirarte los ojillos cuando los tienes pequeñitos de sueño…tus dedos jugando con mi espalda me hacen vibrar…
Tu sentido del humor, tan particular, tiene algo que me llama la atención, tu forma de ver la vida es mi mantra, y esa visión que tienes de todo, haciéndolo todo más sencillo de lo que parece, es mi envidia…
Leyendo un libro que ha caído en mis manos me doy cuenta que soy con la protagonista del mismo, de esas que siempre piensan que el chico en cuestión será más que ella…
Así las inseguridades no solo llegan, sino que se instalan y se quedan para siempre…
Y cada vez que mire a un tío a los ojos pensaré que es siempre más que yo. Porque nunca me veré siendo suficiente para nadie.
La sinceridad está sobrevalorada, y las mentiras, demasiado en alza en este mercado llamado amor…
No eres tú, es que tengo problemas. No eres tú, es que acabo de salir de algo complicado. No eres tú, es que tengo demasiadas cosas en la cabeza. No eres tú, es que todo se precipita…No eres tú...
No me vengas con cuentos, porque yo también sé jugar a eso, pero quizás solo hay que tener más vergüenza para ser tan caradura y utilizar ese tipo de excusas…
La naturalidad es un aspecto que no se busca, que se encuentra.
Y ahí estaba yo, tendida en mi toalla, ofreciéndote el auricular de mi móvil, para que, sencillamente, escucháramos aquella canción, que podía convertirse o no en nuestra canción. O en la canción de aquel momento, de aquel verano…
Y aunque temía que te pareciera un gesto demasiado íntimo, fue sencillo deshacer aquel entuerto. Porque con la mayor naturalidad que se puede, cogiste el auricular que te tendía, y te pusiste a escuchar esa canción. Y cuando terminó, te giraste y me sonreíste. Sin más…
Porque no merece la pena. Porque hay quien cultiva su lado guapo pero descuida el intelecto. El que te hace sonreír y reír, el que te hace pensar, el que te provoca…
Obviamente, lo que recubre ese lado que me atrae es importante. Para qué mentirnos. Pero es secundario.
Quizás porque la había visto en distintas ocasiones, quizás porque se sabía cada arista de su cuerpo, fuera lo que fuera, lo reconocía allá donde le viera…
Su torso definido, su espalda ancha pero esculpida, su pelo siempre tan bien peinado, su tono de piel…
Todo lo definía a la perfección y todo lo hacía demasiado reconocible para ella…que había estudiado cada milímetro de su anatomía…