Qué bonito cada encuentro contigo. Qué bonito que después de tantos años siguiéramos siendo como al principio, como dos adolescentes que se daban todo lo que tenían.
Qué bonito que nada irrumpiera en nuestra felicidad. Y que pudiéramos ser siempre nosotros el uno con el otro, sin importar nada.
Qué bonito que no tuviéramos que desconfiar el uno del otro, como hemos visto en tantas parejas…Qué bonito que todo siga como el primer día, con la capacidad de sorprendernos intacta.
Qué bonito todo aquello y más que nos guardábamos para nosotros dos…
Aquella ciudad me pareció tan grande y tan pequeña por momentos…
Porque te busqué mucho, con la mirada y con mis sentidos, y nunca te encontré.
Anhelaba coincidir contigo por la calle, pero parece que aquel lugar en el que vivíamos era demasiado grande para esa mera coincidencia.
Y sabía que, cuando no quisiera mirarte a los ojos, y que tú no buscaras los míos, entonces aquel lugar sería tan pequeño que estaríamos condenados a encontrarnos…
Tenía la certeza de que no volverías. Y no lo hiciste.
Como cada día, te mandé un mensaje para desearte un buen día y que tu mensaje de vuelta alegrara mi mañana. Y aunque esperé más allá de la hora en que me tenías acostumbrada, no llegó.
Y entonces supe que lo que temía desde hacía días se hacía realidad.
No volverías. Encontraste otros brazos en los que acurrucarte, otros ojos que mirar de frente y otra boca que besar…Y no volviste.
No respondiste a aquel mensaje, y lo supe (Internet)
Toqué tu cara con sigilo, para poder imprimir aquel gesto, aquel tacto, en mi memoria, y no olvidarlo jamás.
Lo hice casi sin pensar, aunque cuando dirigía mi mano hacia tu cara pensé que quizás no era sensato hacerlo. Porque las circunstancias no eran precisamente las idóneas.
Pero no te moviste, dejaste que mi mano, en un gesto que me pareció que ocurría a cámara lenta, llegara a tu cara, e incluso alcanzaste mis dedos con tu mano, para hacerme sentir especial, para hacerme sentir que nada podía salir mal.
Literalmente me refugié en sus brazos y cada noche, durante un tiempo que se me antojó infinito, huí de tu recuerdo.
Porque tu cobardía, tu pereza para demostrarme nada y tu pasotismo, me hicieron buscar un lugar donde esconderme.
Mi refugio (Internet)
Un lugar en el que la charla era tranquila y se normalizaron las anécdotas y el contarnos todo el uno al otro. No eran gritos como contigo. Nadie me recordaba mis constantes torpezas. Fue un tiempo en el que sentía que alguien me cuidaba, me acariciaba el pelo y me colmaba de atenciones. Y no miraba para otro lado, como tú, cuando te pedía que me dijeras si estaba guapa o no, si aquel iba a ser mi día o no…
Era el momento del día que deseaba que llegara. Aunque supiera que estaba mal y que me estaba escondiendo por eso mismo.
Él era el lugar de mi refugio, donde me sentía yo misma y no una mala copia de lo que fui, relajada y no en tensión por si algo te molestaba, alegre y con una sonrisa y no contrariada y buscando siempre la sospecha en cada uno de tus gestos…
Pero finalmente te diste cuenta de que algo estaba cambiando y volviste a ser aquel del que me enamoré. Pero yo no quise que volvieras. Porque aquel que era mi refugio aquellos días me había dado tanto en unos días, que me sentí especial, como nunca contigo.
Premeditar cuándo esa persona que esperas aparecerá por la puerta no es sensato. No lo calcules. Cuando llegue el momento lo hará. Y sabrás que es. No hará falta preguntarte o preguntárselo.
Si te causa algo de miedo o sensación de vértigo seguir indagando en su interior por miedo a lo que puedas descubrir, es que es quien estabas esperando. Porque no sabes qué vas a encontrar.
No lo calcules (Internet)
Cuando llegue no pierdas la oportunidad de decirle que se puede, que comparta contigo sus sueños, sus miserias, sus alegrías y dolores. Y los tuyos.
Disfruta del momento, porque esa persona habrá llegado. Y nunca reniegues de que pueda ser, aunque parezca complicado. Y si duda o dudas, más claro puedes tener que es…
Le encontré en la puerta de mi casa, allí parado, y creo que notó que la cara se me descompuso.
Sí, porque le dije claramente que no quería volver a verle. Y creo que el mensaje no podía ser más claro. Pero no lo entendió. O no quiso.
Y ahí estaba. Me quedé parada en la esquina, pero por la cabeza simplemente me pasó una idea, seguir adelante, sin pararme, abrir la puerta y cerrarla, sin más. Como en las películas. Y así lo intenté.
Frente a ella, allí parado (Internet)
Pero me asió del brazo, diciendo que tenía que hablar conmigo. Pero había tenido muchas oportunidades tiempo atrás de hacerlo, si no lo había hecho era problema suyo, no mío. Así que tiré fuerte de mi propio brazo y le dejé ahí, mirando, en la calle.
El aturdimiento le duró un rato. Mientras le contemplé por la ventana del salón no paró de negar con la cabeza. No sé qué se le estaría pasando por la mente, pero lo que pasaba por la mía estaba claro, no permitiría que volviera a entrar en mi vida, la pusiera bocaabajo y pretendiera que yo, como siempre, la pusiera en orden para que él me arrebatara la tranquilidad.