-¿Nos conocimos demasiado tarde? – le pregunté.
Y sin vacilar, respondió:
-¿No, porque tengo claro que nos estábamos buscando, para no dejarnos escapar…

-¿Nos conocimos demasiado tarde? – le pregunté.
Y sin vacilar, respondió:
-¿No, porque tengo claro que nos estábamos buscando, para no dejarnos escapar…

Ella y tú. Tú y ella…
Ella no podía seguir, y tú tan dispuesto…
Ella cerrada en banda, y tú tan abierto a dar…
Ella tan tajante, y tú tan generoso…
Ella con ganas de huir, y tú echando a correr tras ella…
Ela sin enfrentar sus miedos, y tú preparado para espantarlos…
Ella con temor a romper muros, y tú dispuesto a derribarlos de un plumazo…
Ella tan fugaz, tú tan certero…
Ella tan dubitativa, y tú con las cosas tan claras…
Ella tan cerrada en banda, y tú con tanto para ella…

No soy de medias tintas, sino de expresar
Mis cartas están sobre la mesa, pero no paro de dar con cobardes…
Quizás tú deberías hacer lo mismo, porque en mayor o menor medida, todos sabemos hacerlo, la cuestión es querer…
Por lo menos estaría bien hacerlo para igualar la partida
Pero te va más hacer trampas y jugar al despiste
Siento que tus modos de juego sean tan chupuceros
Pero si así te va bien no seré yo quien pida que lo cambies…allá tú, pero pocas serán las partidas en que puedas sentirte victorioso, por lo menos moralmente…

Intuyo que nunca sería tu elección…
Ni aunque la vida nos hubiera hecho encontrarnos antes…
Y si estuvieras libre tengo claro que no sería yo en quien te fijaras. Pero te alegran tus ataduras, que las disfrutes…
Hay demasiadas mujeres ahí fuera, y mejores, que casarían más con tu forma de vida, tus vivencias y tus expectativas.
Seguro que yo no estaría a la altura, por eso no sé si tiene sentido seguir pensando en eso.
Si pudiera o puede ser, no sería conmigo, porque nunca he sido o seré una elección…

Si quieres que me vaya, dímelo…
Si quieres que me quede, dímelo…
Si quieres que sea, dímelo…
Si quieres que no sea, dímelo…
Si quieres que esté, dímelo…
Si quieres que no esté, dímelo…
Si quieres que sepa, dímelo…
Si quieres que olvide, dímelo…
Sea lo que sea, dímelo. Es más fácil saberlo, que no. Así se dan palos de ciego y se pierde el tiempo sin razón.

Quizás tengo miedo a perderte, a que te vayas, a que desaparezcas sin decir nada.
Quizás tenga miedo a perderte, sin razones, sin motivos.
Quizás sea un miedo infundado, pero no quiero pasar por el trance de ver cómo al final es así…
Quizás sea un miedo heredado del que no me he desprendido aún…
Pero ¿y si fuera así, y poco a poco desapareces y ese miedo se confirma?

«SOS reclamo atención». Ésa pareció ser mi carta de presentación aquel día en que nos vimos por primera vez, porque en vez de dos besos me plantó un abrazo. Y sentí que era alguien especial.
Supongo que aquellas conversaciones de madrugada, antes de irnos a dormir, hicieron que nos conociéramos bien sin que hubiese hecho falta que nos hubiéramos visto.
Y de esas charlas aprendió todo aquello que yo necesitaba sin necesidad de que le hubiese dicho nada…

Te llevé a la habitación de aquel hotel, aunque jamás me hubiera sentido capaz de proponerte aquel plan. Soy demasiado tímida, demasiado reservada.
Allí, coqueta, te quité la ropa y te tendí en la cama, para recrearme en tu cuerpo y hacerte aquel masaje que tanto había soñado, noche tras noche cuando me iba a dormir.
Un masaje que me hizo conocer cada rincón de tu cuerpo y perderme en la lujuria de tu receptividad.
Y finalmente, perderme en ti y hacer que te recrearas en mí…

Fue un día duro de final de semana que no deseó a nadie, ni a su peor enemigo…Pero ya había pasado…
Mientras se disponía a montarse en el coche tras una jornada maratoniana sonó un mensaje en su móvil: «¿Una copa esta noche, en tu casa o en la mía?»
Entonces recordó que era viernes, y fue consciente de que aquel chico que conoció semanas atrás le había escrito, aunque pensaba que no lo haría.
El cansancio de aquel nefasto día se borró de inmediato.
Y contestó: «En mi casa a las 22.00 horas. Yo pongo la cena, tú el vino y el postre». Aunque le pareció un tanto atrevido, envió el mensaje, porque pensó que no había tiempo que perder.
Y así se fue a casa, con la música a todo volumen, pensando en qué se pondría para impresionar a aquel chico que tanto le gustaba…desde que cruzó la primera palabra con él…

Me vacío y me exprimo. Obviamente, siendo una bocazas, sí, hasta cotas insospechadas.
Pero eso sería quedarse en la base, en la balsa de aceite y no ahondar, no querer darse cuenta de que lo que digo lo hago movida por lo que siento, lo que pienso, lo que soy y lo que quiero ser…
No sirvo para ir con medias tintas, no sirvo para callarme. Lo que me da rabia es que tú, parece ser, sí.
No sirvo para no hablar con sinceridad, no sirvo para no decir lo que pienso y siento, porque he visto cómo hay gente que se va y no vuelve y no he aprovechado el tiempo para expresarme.
No sirvo para ver pasar el tiempo, no hacer nada, quedarme quieta, no mover ficha, porque no soy tan impasible, porque me corre sangre por las venas.
No soy de piedra y por tanto siento decirte lo que pasa por mi mente. Vaciándome sin medida, sin pensar en las consecuencias, ni siquiera filtrar. Aunque a ti te dé igual y tú en cambio te calles y alimentes las dudas.

Quiero conversaciones, no monólogos; quiero sentir que no doy sin recibir, aunque sea algo más que migajas; quiero sentarme a mirarte de frente; quiero no tener que pensarme tantas veces si hablarte está bien o mal y tener que escoger la hora adecuada; quiero que me digas lo que piensas, con rabia como hago yo, o con calma, si te define más; quiero verme sorprendida al saber que te preocupas por mí, que me hablas sin esperar que tome la iniciativa, que te escapas para verme. Pero en cambio yo lo digo y soy una bocazas.
Quiero, quiero y quiero. Pero tras los quiero siempre hay un ‘doy sin medidas‘, porque no me cabe no intentar darte lo que creo que necesitas, no me sale no darte mi apoyo, el hombro en el que apoyarte, no me sale no intentar comprenderte, en dar tregua y esperar, no me sale no verte, porque me mentiría a mí misma si dijera lo contrario, no me sale esperar en la era digital un mensaje y no un cara a cara…Y así poco a poco me vacío…
Me vacío con este papel, emborronando lo que pienso. Es más fácil, por lo que veo, decirle esto a un papel, que a ti, porque no es la primera vez que lo intento sin conseguir nada. Y porque dar rienda suelta a lo que pasa por mi cabeza en este momento no es fácil. Además, no me reprocha, no me dice lo que no quiero escuchar y no se ofusca con mis palabras…Solo que me ignora, eso sí…Y porque tengo la certeza de que no me leerás y así me vacío con tranquilidad…