Las olas del mar y yo…

Las olas del mar golpeando mis pies…Allí me vi, pensando.

Con los zapatos en la mano y los pantalones remangados. Pensando en ti, y en tanto…

Sin pensar en la gente que pasaba a mis espaldas, charlando, con sus mascotas, disfrutando de aquel soleado día.

Porque nada importaba, más que lo que tenía en mente, lo que quería hacer, decir, pensar…

Y cuando me di cuenta, había pasado horas allí, oteando el horizonte con mil historias en la cabeza…

las olas
Las olas del mar y yo…

Esos ojos verdes…

Quiero seguir viendo esos ojos verdes, perderme en ellos y que me engullan. Quiero que tu tímida mirada se ancle en mí y no tenga sentido que te vayas. Quiero verte.

Quiero que esa sensación de reconocerme en esas pupilas y en esos ojos curiosos no se termine nunca. Y tener la confirmación, todos los días, de que me miran solo a mí.

Quiero que me busques eternamente con esos luceros, porque entonces tengo claro que nunca me perderé, por complicado que sea el camino. No sé que ha sido de mí todos estos años sin ti, sin esos ojos, sin esos faros preciosos y esos ojos bonitos.

Esa fue la nota que recibió…

ojos verdes
Ojos verdes (Internet)

Te deseé…

Te deseé desde el primer día que hablé contigo. No lo pude evitar.

Conseguiste que me derritiera con tu sonrisa, con tus improvisaciones y tus cosas…

Era un don tan natural que ni cuenta te dabas…

Y poco a poco, sin que hiciera falta que entendiéramos aquellos cafés como una cita, fuimos intimando.

Hasta que desearte fue una de las sensaciones que despertabas en mí, pero no la única.

te deseé

Envidia…

Siento cierta envidia de ti, que no solo tienes lo que deseo, sino que además despiertas las miradas de los desconocidos, los que me gustaría que se fijaran en mí. Por capricho, por placer…

Y es que a nadie amarga un dulce. Me gustaría sentirme reflejada en la mirada de cualquier extraño, y que alguien me esperara ansioso al llegar a casa. Por desear que no quede…

envidia 2
Envidia (Internet)

Veo que eres todo lo contrario a mí. Tú gustas y yo soy insignificante, por no decir invisible, y me siento ridícula, porque por muchos esfuerzos que haga, dudo que en algún momento esté a la altura.

No te culpo, pero me da rabia ser tan poco a tu lado, no tener nada con qué sorprender.

Qué bonito

Qué bonito cada encuentro contigo. Qué bonito que después de tantos años siguiéramos siendo como al principio, como dos adolescentes que se daban todo lo que tenían.

Qué bonito que nada irrumpiera en nuestra felicidad. Y que pudiéramos ser siempre nosotros el uno con el otro, sin importar nada.

Qué bonito que no tuviéramos que desconfiar el uno del otro, como hemos visto en tantas parejas…Qué bonito que todo siga como el primer día, con la capacidad de sorprendernos intacta.

Qué bonito todo aquello y más que nos guardábamos para nosotros dos…

qué bonito
Nosotros dos (Internet)

Tan grande, tan pequeña…

Aquella ciudad me pareció tan grande y tan pequeña por momentos…

Porque te busqué mucho, con la mirada y con mis sentidos, y nunca te encontré.

Anhelaba coincidir contigo por la calle, pero parece que aquel lugar en el que vivíamos era demasiado grande para esa mera coincidencia.

Y sabía que, cuando no quisiera mirarte a los ojos, y que tú no buscaras los míos, entonces aquel lugar sería tan pequeño que estaríamos condenados a encontrarnos…

tan grande, tan pequeña
Aquella ciudad (Internet)

 

No volviste…

Tenía la certeza de que no volverías. Y no lo hiciste.

Como cada día, te mandé un mensaje para desearte un buen día y que tu mensaje de vuelta alegrara mi mañana. Y aunque esperé más allá de la hora en que me tenías acostumbrada, no llegó.

Y entonces supe que lo que temía desde hacía días se hacía realidad.

No volverías. Encontraste otros brazos en los que acurrucarte, otros ojos que mirar de frente y otra boca que besar…Y no volviste.

mensaje de texto
No respondiste a aquel mensaje, y lo supe (Internet)

Toqué tu cara con sigilo

Toqué tu cara con sigilo, para poder imprimir aquel gesto, aquel tacto, en mi memoria, y no olvidarlo jamás.

Lo hice casi sin pensar, aunque cuando dirigía mi mano hacia tu cara pensé que quizás no era sensato hacerlo. Porque las circunstancias no eran precisamente las idóneas.

Pero no te moviste, dejaste que mi mano, en un gesto que me pareció que ocurría a cámara lenta, llegara a tu cara, e incluso alcanzaste mis dedos con tu mano, para hacerme sentir especial, para hacerme sentir que nada podía salir mal.

toque su cara
Él/Ella (Internet)

 

Tu mano…

Tu mano recorriendo mi espalda, haciendo que mi vello se erice por segundos…

Tu mano jugando con mi barriga, donde se acumulan las zonas donde mis cosquillas llegan a su punto álgido…

Tu mano trazando pequeños círculos por todo mi cuerpo…

Tu mano colmando de placer a mi ser…

Tu mano, siempre en el momento justo, siempre ahí…

tu mano en mi espalda
Tu mano en mi espalda (Internet)

 

Me refugié en sus brazos…

Literalmente me refugié en sus brazos y cada noche, durante un tiempo que se me antojó infinito, huí de tu recuerdo.

Porque tu cobardía, tu pereza para demostrarme nada y tu pasotismo, me hicieron buscar un lugar donde esconderme.

refugio
Mi refugio (Internet)

Un lugar en el que la charla era tranquila y se normalizaron las anécdotas y el contarnos todo el uno al otro. No eran gritos como contigo. Nadie me recordaba mis constantes torpezas. Fue un tiempo en el que sentía que alguien me cuidaba, me acariciaba el pelo y me colmaba de atenciones. Y no miraba para otro lado, como tú, cuando te pedía que me dijeras si estaba guapa o no, si aquel iba a ser mi día o no…

Era el momento del día que deseaba que llegara. Aunque supiera que estaba mal y que me estaba escondiendo por eso mismo.

Él era el lugar de mi refugio, donde me sentía yo misma y no una mala copia de lo que fui, relajada y no en tensión por si algo te molestaba, alegre y con una sonrisa y no contrariada y buscando siempre la sospecha en cada uno de tus gestos…

Pero finalmente te diste cuenta de que algo estaba cambiando y volviste a ser aquel del que me enamoré. Pero yo no quise que volvieras. Porque aquel que era mi refugio aquellos días me había dado tanto en unos días, que me sentí especial, como nunca contigo.

Y eso me bastó para dejarlo todo…