¿Te apetece que nos veamos esta tarde? Así, sin miramientos, y antes de arrepentirse, lanzó el mensaje…Ya no había vuelta atrás…Para no acobardarse…
Y ahora solo quedó esperar una respuesta. Confiaba que fuera la que esperaba…pero nunca se sabía.
Aún así, fuera sí o no, estaba claro que había demostrado lo que sentía, ¿no? que era lo que contaba…
Le había hecho caso al corazón, como siempre le decían quienes la conocían…Necesitaba demostrar que no era un corazón helado, que no era una persona fría…Por eso pensaba que merecía algo bueno a cambio, y ojalá, por tanto, la respuesta fuera aquella que deseaba…
Aquella mañana decidió maquillar no solo sus ojeras, sino todo lo que, por dentro, andaba ajado y salir a la calle con una amplia sonrisa…Porque estaba dispuesta a ganar aquella batalla al macabro destino…
Porque no pensaba rendirse, jamás, por mucho que aquellos que querían verla caer estuvieran deseándolo…
Unos capítulos que se abren, otros se cierran y otros se quedan a medias. Mi elección siempre es abrir un capítulo que entiendo pueda ser bonito y disfrutable; cerrar los que duelen y no son aptos para la alegría; y cerrar los que no conducen a ningún lugar…
Y he de decir que quiero un capítulo abierto contigo, emprender un camino que lleve dios sabe dónde, pero que sea con risas de por medio, con humor, diversión y cuidados…Así quiero que sea ese capítulo abierto…Porque de otra forma, no quiero abrir ninguno…Pero para eso también tienes que querer tú…
¿Los silencios son incómodos? Eso dicen, pero el que había habido entre eo esta ellos esa noche había sido precioso, mágico, de esos que dicen tanto con tan poco…
Aquel silencio supuso un antes y un después para ellos, supuso mirarse a los ojos lentamente, saborear el momento y disfrutar al encontrar sus miradas…
Aquel silencio fue el menos incómodo que habían experimentado y sin duda, aprendieron a que fuera un referente para las próximas veces en que se quedaran callados…
Mil y un cerrojos se habían instalado en su corazón a lo largo de los años, pero ella tenía la intención de romper todos los candados e ir curando las heridas que se encontrara en el camino.
Y aunque él no la dejara, por miedo a una nueva herida, a una nueva decepción, porque no creía en nadie que fuera capaz de sanar aquellos dolores pasados, no dijo que no.
Cada día, deseaba que llegara la noche para soñar con él, con cada detalle de su ser.
Solo un encuentro les había mantenido cerca, pero fue suficiente para que hubiera memorizado cada detalle que le gustaba de él.
Fue suficiente para que, cada día, esperara a que cayera el sol e hiciera acto de presencia la luna y poder disfrutar haciendo volar su imaginación, deseando volver a tenerlo entre sus brazos…cerca de ella…
Quiso seguir negándose a ver la realidad que se le hacía presente cada día. Se negó a creer que estaba jugando con ella o simplemente quería reírse de ella…
Quiso seguir intentando un acercamiento con él. Quizás porque algo le decía que merecía la pena…
Pero también se hizo una pregunta…¿hasta cuándo podría esperar? ¿hasta cuándo podría seguir esperando que él hiciera porque ese acercamiento fuera una realidad? ¿hasta cuándo esperar una respuesta? ¿hásta cuándo…?
Volvieron a ser dos extraños, como antaño. De esos que ni siquiera cruzaban un tímido hola y adiós, pero así lo quiso uno, así lo aceptó el otro.
De esos extraños que miraban hacia otro lado si se cruzaban y que evitaban aquellos lugares en los que se podrían haber visto. De esos extraños que prefirieron ser extraños, sin más…