¿Y si…?

¿Y si, en cambio, estaba regalando su primer y último pensamiento del día a la persona equivocada?

¿Y si se había centrado demasiado en quien no merecía la pena?

¿Y si había perdido el tiempo centrándose en quien solo la había despreciado?

Pensó en todos y si…y decidió que no merecía la pena mirar atrás, cuanto antes cambiara el rumbo, antes cambiaría de aires y antes asumiría que el pasado solo era pasado, porque evidentemente así era como se resolvían todas aquellas preguntas…

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Dejarse llevar

Dejarse llevar, era algo que había querido hacer siempre pero pocas veces se lo permitía…

Pero ahora estaba dispuesta a lograr esa meta, porque estaba cansada de hacer lo que se suponía correcto o todos esperaban de ella.

Y es que, era su vida, no la de nadie y ahora era tiempo de soltarse la melena y disfrutar del viento, del momento, de los impulsos…

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Los miedos…

Ese día prefirió dejar a un lado los miedos y confiar en que algo bueno le esperaba.

Porque se lo merecía, porque ya estaba cansada de ir temblando por la vida…

Y sobre todo, porque aquel chico le dio cierta seguridad. Algo decía que, por el momento, se podía fiar de él…Y eso es lo que quiso hacer, confiar y dejarse llevar…Por ahora…

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La guarida

Intentó guarecerse de él hasta que aquella tormenta de sentimientos amainase, porque no podía mirarlo a los ojos y saber que todo había sido una mentira…

No podía dejar que viera su cara, abatida, por todo aquello que sabía que sentía y pensaba y no servía de nada…

No podía mirarle y tener tan claro que todo lo que había construido lo había hecho sola, porque él no había movido ni un dedo…

Por ello lo mejor que le pudo pasar fue que su guarida fuera aquel lugar que nadie conocía donde podía estar a solas, recomponiéndose poco a poco…

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Una leve mirada

Cruzaron una leve mirada. Corta pero intensa…

Ella parecía más triste pero a la vez su rostro expresaba la calma de quien ha intentado todo lo que estaba en su mano.

Él, en cambio, seguía teniendo ese rictus de pasotismo que ella nunca había querido ver ni interpretar…

Y ahí se acabó. En esa leve mirada…Y volvieron a ser dos extraños, porque nada más pasó, nada más hubo, ni una palabra cruzaron…solo una leve mirada…Algo que no era suficiente…

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El plácido sueño

Con sus piernas entrelazadas en las de él se quedó plácidamente dormida, porque era el lugar más seguro que pudo encontrar.

Tras una tarde de besos y arrumacos, sin poder evitarlo, cerró sus ojos y se alejó de allí, de aquella habitación que compartía con su chico.

De repente, comenzó a soñar con momentos que había compartido con él…

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Devolver la mirada

Aún a riesgo de saber que no era él, sintió la necesidad de buscar y devolver la mirada a aquel extraño que no dejaba de insistir, de buscar sus ojos.

Pero no sintió ese pellizco, como aquel día cuando estaba programado encontrarse con él. Porque ella quería que fueran sus ojos los que la miraran, que fueran sus ojos las que la recorrieran de arriba a abajo, con deseo, con expectación, sabiendo lo que encontraría pero con ganas de hacerlo cada día…

Y por qué sería que no fue capaz de disfrutar de ese momento en el que se sintió deseada…¿por qué no era él?

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Callar…

Callar no siempre significa dar la razón al otro…

Callar y no decir nada más que pueda ofender no es pasar de esa persona…

Callar y cumplir lo que te piden no es pasotismo, es aferrarte a no seguir siendo una pesada…

Callar e intentar no estropear más lo poco que haya o quede es asumir que poco más puedes decir que arregle una situación concreta…

Callar y esperar a que pase la tormenta no siempre es la opción que una quiere…

Callar e intentar que no te duela un «déjame» es no hacerte más daño a ti misma…

Pero no por callar dejas de sufrir; no por callar dejas de sentir y pensar lo que llevas tiempo expresando; y no por callar duele menos todo…Callar, hasta que te apetezca que te hable, hasta que me lo pidas tú…

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