Cuando los cimientos se mueven…

Cuando los cimientos de tu vida se mueven nunca lo hacen solos.

Ese movimiento siempre viene unido a otros que dejan huella.

Para bien o para mal.

Y tienes la impresión de que nunca será para bien, porque no hay un momento de respiro

tocada pero no hundida
Tocada pero no hundida (Internet)

Pero toca caerse, levantarse y reponerse, porque la vida no debe poder más, por lo menos no en esta batalla. Otra en definitiva que mueve tus cimientos y te deja tocada, pero no hundida.

 

Indiferencia

No pensé que podría decir que siento indiferencia, pero comprobarlo en carne propia es la mejor de las constataciones.

Me ilusioné contigo como hacía tiempo no lo hacía, quizás porque creí tus mentiras y tu predisposición a adularme desde el minuto uno en que estuve contigo. Sí, adularme, que no hacerme sentir que te podía gustar, que era lo que pensaba.

Pero ahí me dejaste, sin explicación, sin una lógica, sin sentido, solo poniendo malas excusas que intenté rebatir pero para las que no tuviste más que decir…Simplemente fue más fácil desaparecer.

Y después has intentado provocar situaciones en las que me viera incómoda, muy incómoda, dejándote ver en distintas ocasiones, y mirando desafiante. ¿Qué pretendías? ¿Intimidarme? La primera vez posiblemente sí, e incluso me sentí nerviosa, pero las demás no.

indiferencia2

Ahora puedo decir que la última vez que te vi y no hace tantos días, me causaste indiferencia. Ojalá me leyeras y supieras que va por ti. Porque es lo que provocas, por muy cerca que pases. Solo para que dejes de hacer el ridículo.

Ya no me tiemblan las piernas, ya no me importa no encontrar un sitio en el que esconderme, ya no me siento pequeña, ya no me siento ridícula, ya no creo ser menos que tú, ya no, porque siento indiferencia, y este preciso momento me causas risas, porque quizás no alcances ni siquiera a imaginar todo lo que pude dar por ti…

 

Las miradas (II)

Ya sabéis que creo mucho en las miradas. Sobre todo en la de los extraños

Un extraño con el que me he cruzado varias veces ya y que me ha sorprendido girándose y mirándome de forma descarada.

Pero hoy quizás no era mi día, y por tanto no me he atrevido a levantar la cabeza. Es más, me he resguardado en mirar al suelo y he preferido contemplar mis zapatos.

mirada-de-hombre

Porque hoy no era el día. Y es que, por algo que no venía a cuento, quizás mi mirada era más dura, y mostraba rabia, miedo, cansancio

Pero estoy segura que buscaré otra razón para pasar, buscarle y mirarle. Sin reparos.

No me gusta sonreír…

No  me gusta sonreír, porque así demuestro el que considero uno de mis mayores desperfectos.

Pero en cambio lo primero que conseguiste fue sacarme una sonrisa, así sin más, sin esfuerzo alguno…

muchacha

Y así te mostré lo más hondo de mis preocupaciones, que es mostrar lo que no me que no me gusta de mí. Y a partir de ahí solo podía mostrarte mis fortalezas, aunque tampoco esté segura de cuáles son…

 

Delante del papel y no sale nada…

Cuantas veces te sientas delante del papel y no sale nada…

Hay demasiadas ideas, pero ninguna cuaja.

Escribir, borrar, escribir, borrar…Así suceden las cosas…

A veces la inspiración se marcha, te abandona, unas horas, unos días, qué se yo…Pero se va y no vuelve…

Cuantas veces intentas dar forma a todo lo que pasa por tu cabeza y no hay manera de traducirlo en el papel.

Y entonces llega la frustración de querer y no poder…

IMG_4555
Intentar escribir y que no salga nada B. G. S.

Cuando te cansas…

Cuando te cansas no hay vuelta atrás. Por lo menos no en mi caso. Tengo largo recorrido, hasta que mi mente da un vuelco y ya no atiendo a razones.

A veces sientes que has sido utilizada y tú en cambio has dado una parte de ti. No sé implicarme a medias, o me doy entera, o no lo hago.

me canso
Cuando me canso (Internet)

Y cuando me retiro, también lo hago al completo. Sin medias tintas y sin medida. Porque no tengo capacidad de retirarme poco a poco.

Por eso, a ti, te aviso, cuando tengas al lado a alguien como yo, o tenla en cuenta al completo, o pasa de largo, porque a medias no, porque para utilizar no, porque para dar migajas no…

 

Envidio…

Sí, lo digo sin fisuras.
Envidio a aquellos que tienen lo que anhelo, a los que han conseguido poder decir «me gustas» y recibir a cambio un «tú a mí también».
Envidio a quien se fija en alguien y consigue que esa atracción, amor, cariño y lo que sea, sea correspondido.
Envidio a quien puede coquetear con alguien consiguiendo que finalmente esa persona le devuelva no solo la mirada, sino la atención…
envidia
Internet
Envidio a aquellos que pueden demostrar, sin miedos, a alguien que le gusta, se implica, se rasga las vestiduras por esa persona, y ésta no sale corriendo.
Envidio a quien puede hacer una tontería con esa otra y ésta no piensa que eres una lela…
Envidio a quien sabe cómo actuar y no tiene mil dudas, como yo, cuando alguien le gusta. Envidio a quien sabe, en cada momento, qué hacer, para llamar la atención de esa persona.
Envidio, sí, envidio a aquellos que tienen lo que yo hace tiempo que busco

Su mano recorriendo mi cuerpo…

Había imaginado su mano recorriendo mi cuerpo, pero nada fue tan certero como cuando ocurrió. Porque ocurrió.

Solo había sentido su mano recorriendo mi cuello, en algún gesto amistoso, pero no como había esperado y demasiadas menos veces de las que hubiera deseado. Y pasó.

Pasó que de repente sentí su boca cerca de la mía, rozando mis labios de forma suave y pausada, con ganas y pasión, pero como nunca antes habían besado mis labios.

Mientras, su mano recorrió mi cintura, y un calor irrefrenable subió desde mi bajo vientre hasta mi pecho, y estuve a punto de perder el aliento. Una mano que terminó en mi trasero, mientras una de las mías buscaban bajo su camiseta tocar su torso. Torso perfectamente cuidado, el lugar donde tenía claro que quería descansar. Pero antes tenía mucho que explorar.

Exploré su cuello, con un suave recorrido con mi lengua, hasta llegar al lóbulo de su oreja. Y ahí me entretuve hasta oirlo gemir. Gemir de placer, de deseo. No pude resistirme, y ante esa respuesta agradecida, mis manos intentaron deshacerse de su camiseta, hasta dejar su pecho desnudo ante mí. Y al poco, la mía también terminó por el suelo, mientras exploraba mi pecho, una vez más con deseo.

No pude parar de besar su pecho, mientras tocaba aquel cuerpo que tantas veces había imaginado. Y quise continuar, continuar ahí, jugando con él mientras no podía dejar de mirar sus ojos, ojos pícaros que ahora estaban demasiado cerca y no lejos como hasta hacía unos días. Ojos que irradiaban fogosidad, ojos que ahora sabía leer y que antes me habían confundido en muchas ocasiones en que los había buscado.

Ahora podía decir que lo tenía justo donde lo quería, en mis brazos, jugando conmigo y dejando que quedara prendada con cada paso que dábamos.

Antes de poder pensar en cuál sería mi siguiente pasó sentí que se despojaba de mi falda, que desapareció en el suelo. Me pilló por la cintura, y di un brinco hacía la suya, rodeándolo con mis piernas, apretando con fuerza para que no escapara nunca de mi lado.

Hice todo lo posible porque parara en mi cuello, donde me encantaba recibir caricias y besos, besos pasionales.

Y antes de lo esperado, me vi tumbada en la cama, con sus labios en mi vientre, bajando poco a poco por mi cuerpo, mi cintura, mis muslos y mis piernas, para volver a subir. Así estuvimos un rato hasta que el deseo hizo que en un arrebato fuera yo quien tomara las riendas e intentara zafarme de sus pantalones.

El próximo objetivo, tras un largo, divertido y silencioso juego de besos, caricias y pequeños mordiscos, fue hacer que fuera mío y yo suya. El deseo se perdió entre las sábanas, y mi cordura se fue de la habitación, haciendo que me volviera loca, como sentí que yo lo volví a él.

Fue de esos momentos en que sientes que cuadras con alguien, que esas miradas y ese tonteo que había notado en el aire no había sido solo un espejismo, sino algo que habíamos conseguido llevar a la intimidad y hacer que se convirtiera en una experiencia magnífica. Una experiencia que quisimos repetir, porque nuestros cuerpos se llamaban, se entendían, se gustaban y formaban un buen tándem. Y fuera de esa intimidad, conseguimos reir juntos, que las bromas nos llevaran a la complicidad y todo aquello fuera prácticamente ideal…

pareja en la cama

 

 

La rabia…

Nunca supo cómo canalizar su rabia. De hecho, nunca le ha había hecho falta sacarla fuera, porque no había llegado al límite de tener que verse obligad a ello.

Pero aquella situación, aquel día, todo le vino grande, y no supo cómo hacer para expulsar lo que le corroía. No supo si gritar, llorar, reír. En cambio, se vio con el puño dolorido y un golpe en la pared, un golpe que cada día le recordaría que no había medido su rabia y la había canalizado de la peor manera que habría esperado, con la fuerza.

pared
Pared resquebrajada (internet)

Pero no pudo contenerse. Le dolían las cosas que pasaban y le dolía no hacer nada. Porque era consciente de lo que ocurría, pero se vio inmóvil, sin saber qué hacer, hasta que su reacción fue la última que esperaba de sí misma…

 

Te sueño a trozos

Te sueño a trozos. Eres la primera persona con la que no soy capaz de soñar al completo. No puedo terminar mis sueños contigo. Sé que estás ahí, en mi cabeza, en mi historia, pero nunca llego a terminar esas historias, que se quedan incompletas.

Es algo muy extraño, es complicado saber por qué ocurre esto. Es más, me quedo paralizada en un momento de esa historia que creo, y no soy capaz de continuar.

No sé si significa algo o no, no sé si alguien tendrá una interpretación para ello, pero a mí me parece algo demasiado curioso, demasiado particular, porque es extraño no poder completar aquello que ronda mi cabeza cada noche.

Antes de irme a dormir pienso aquello que me gustaría que pasara por mi cabeza cuando Morfeo me visite, y en cambio no puedo continuar…

 

sueño
Un sueño a medias (Internet)